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sábado, 24 de marzo de 2018

Kinêsis. Guillermo Héctor





Te dices que esta vez llegarás hasta el final. Que sólo necesitas respirar. Una pausa.

Bajando entre el hombre que no ha dejado de hablar durante la espera en la calle y la chica que le ha respondido cuando empezabas a temblar te dices, Esta vez pase lo que pase llegaré hasta el final. Piensas por qué escaleras tan estrechas. Mientras bajas piensas, Si intentara salir ahora no podría ya. Así que no te das la vuelta. Así que no piensas. Cada vez más oscuridad hasta que el espacio se abre. Asientos. Antes se decía butacas. Iluminado por una pantalla en blanco a la derecha el espacio se abre. Sólo necesitas una pero los que vienen detrás impiden cualquier pausa.

Lo imaginabas más grande. Te dices, Tanta espera para esto. Sin poder detenerte pues los que vienen detrás impiden cualquier pausa compruebas la sala. El último asiento en la última fila está vacío. Bien bien. Mirar sin ser visto. Te instalas deprisa para observar el sitio. Diez filas de asientos en terciopelo azul oscuro. Antes se decía butacas.  Por qué nadie se sienta. Cierras los ojos pensando, Pase lo que pase que pase rápido. Pero los abres sin dar tiempo. Pero una silueta contra el fondo blanco rectangular. Esperas. Tanta espera para esto y ahora. Cerrar los ojos. Kalos thanatos. Cerrar los ojos esperando que la luz desaparezca antes de abrirlos.

Empieza.

domingo, 16 de mayo de 2010

Dafne 2 - Apolo 0 by Guillermo Héctor

Abro los ojos desde la nada. La luz me molesta, todo lo que veo es fuego blanco, no sé dónde estoy. Los cierro, intento respirar más despacio, los abro de nuevo. Poco a poco creo recobrar el sentido, me oriento, reconozco el lugar. Con el dolor de una rama arrancada clavándose en mis costillas me incorporo, apoyo un codo en el suelo. Está caliente. Debe ser mediodía ya. Abro más la boca para coger aire, y noto la tirantez de los labios. Me toco y los noto hinchados. Hay sangre seca en la comisura derecha, y un hilo de negror amarga se dibuja barbilla abajo, hacia el cuello de mi camisa. Justo ahí, el negro se transforma en carmín. O marrón, no estoy seguro. La gravilla que se me clava en el antebrazo derecho me urge a cambiar de postura, aunque sé que va a doler. Con un pinchazo como una estampida de rinocerontes en mi estómago consigo sentarme, y me apoyo con las palmas de las manos para mantener el equilibrio. Permanezco en esa posición un rato, quizá sólo unos minutos, intento recuperar un ritmo de respiración más fluido y reunir fuerzas. Mi aliento huele a metal humedecido, el sabor me hace querer escapar de mí mismo, y echo la cabeza hacia atrás en un reflejo instintivo. Me cruje el cuello. Lentamente, mientras noto como mis cervicales vuelcan coches, queman árboles y lanzan piedras con pasamontañas rojos, bajo la cabeza hasta tocar el pecho con mi barbilla. Espero. Encojo la pierna derecha, decidido a ponerme en pie. Espero un poco más. Encojo la pierna izquierda. Respiro. Haciendo fuerza contra el suelo, me levanto d . e . s . p. a .c .. i ... o, apenas un palmo, y entonces pierdoelequilibrioycaigohaciadelantesobreelcostadoderecho. El dolor en mi hombro es inMENSAmente indescriptible. Mis ojos vuelven a estar a seis centímetros del suelo, veo una colilla pisada, hojas rotas de algún árbol, veo polvo acumulado contra el muro lateral de la rampa de algún aparcamiento. Estoy junto a una barandilla, la noto con la cabeza. Celebro mi suerte, pero tengo que quedarme quieto hasta que pasen los calambres que me recorren el brazo. Vuelvo a cerrar los ojos.

Aabbbffm.... . hczz


Creo que me he dormido, porque ahora hay menos luz y el suelo está frío. Al menos respiro mejor. Me pesa el aire, pero las inhalaciones largas son reconfortantes. Recuerdo que había caído junto a una barandilla y sonrío mentalmente. Intento ignorar el dolor, estiro los brazos hacia atrás como un elefante levanta su trompa cuando grita, y apoyo las manos en los barrotes. Estoy sudando y tengo que separar los dedos del hierro. Sólo un momento. El aire enfría mi piel mojada. Entonces lo hago. Me retuerzo, me doy la vuelta hacia la izquierda mientras mis manos se deslizan por los barrotes, apoyo la rodilla izquierda en el suelo y consigo incorporarme sin soltar la baranda. Parezco un caballero medieval ante la reina, pero no tengo tiempo para confesionarios. Más rápidamente de lo que pensaba consigo poner un pie plano sobre el suelo y, sin dejar de hacer fuerza con las manos me voy desdoblando. Me tambaleo apenas medio segundo, con la mano derecha aparto el pelo de mis ojos. Con el equilibrio de un bebé de 80 años me giro poco a poco, soltando la mano izquierda que aún me sostenía en la barandilla. Me inclino hacia adelante, apoyo las manos en los muslos respirando ansiedad y derrotando a la asfixia. He conseguido levantarme.
Cuando te encuentre volveré a intentar besarte.





Mi nombre es Guillermo Héctor, nací hace 31 años en un lugar odioso llamado Castellón del que llevo huyendo ya demasiado. Vivo en Barcelona temporalmente, y trabajo en una oficina de mierda intermediando entre un banco y un Ministerio. En serio. Cuando no estoy encerrado en el trabajo hago música y conciertos, con diferentes grupos o solo; a veces hasta grabamos un disco. Desde los 17 años escribo cosas que últimamente empecé a "publicar" en un blog (http://geacheele.blogspot.com/). Incluso recopilé algunos textos y los edité a través de lulu.com (con seudónimo, que queda más cool): http://stores.lulu.com/oliverado. He vendido ya 21 copias, lo cual me alegra porque no sabía que tuviera tantos amigos.

Fin de la biografía. Me voy a la cama.


martes, 2 de marzo de 2010

Cinco Ideas Salidas de mi Insomnio. Guillermo Héctor

Buenas noches
Supongo que si llego a viejo
me acordaré de todos estos colchones
donde tantas personas se hundieron
convertidas en humo antes que yo.
De los que estaban sobre el suelo
y se hacían papel de fumar
con el peso de dos cuerpos peleados
en busca de la victoria final.

De los que dejaban espacio debajo
para las maletas llenas de pérdidas
que eran mi casa y mi condena
aunque a penas estuvieras ya en ellas.

De aquél tan estrecho arañado
cubierto de pétalos, qué ocurrencia,
donde nunca llegué a sudar sin nombrarte
ni a llenar con fotos tu ausencia.

De éste que espera visita
ya ves
que las manchas de té no se quitan
ni con otras estrellas fugaces
ni sin cientos de besos culpables.







Canción de cuna

La vida y la muerte
comparten la misma puerta.
Mi vida y mi muerte
encontré entre tus piernas.



Demasiado sensible sábado noche

se sentó en el colchón
ni siquiera borracho y desnudo
observando su barriga
los pelos en su ombligo
los callos de los pies
y sus uñas negras
mientras encendía un cigarro
sonriente
al recordar
todos los mensajes y correos
que le felicitaban admirados
por la belleza
de sus poemas

cerró los ojos
y
su
lenta
mente

fumó







Odios sordos

ahora que las luces se han fundido
y todo se ve más claro
¿dónde te has escondido?
dime
¿qué hago yo en otra casa
que no es la tuya?

amoxicilina y ácido clavulánico
(comprimidos recubiertos)
paracetamol cinfa
(1 g.)
cada ocho horas
(que siempre son nueve)

ahora que todo se ve más claro
y mis luces al fin se han rendido
no entiendo el miedo a lo que dices
ni el dolor en las raíces de mis nervios
que imploran tregua sin vergüenza
o un golpe de gracia efectivo







Pensamiento mientras oigo follar a un vecino

Toda mujer
tiene un plan infalible
para dominar el mundo
y retrasar lo ineludible.

Cada vez
cuenta menos
decir mucho con poco.
Cada vez
cuesta más
fingir haciéndose el loco.

Todo hombre
tiene su modo
de reírse de cada
intento fallido.

Querido enemigo:
éste es el mío.






Mi nombre es Guillermo Héctor, nací hace 31 años en un lugar odioso llamado Castellón del que llevo huyendo ya demasiado. Vivo en Barcelona temporalmente, y trabajo en una oficina de mierda intermediando entre un banco y un Ministerio. En serio. Cuando no estoy encerrado en el trabajo hago música y conciertos, con diferentes grupos o solo; a veces hasta grabamos un disco. Desde los 17 años escribo cosas que últimamente empecé a "publicar" en un blog (http://geacheele.blogspot.com/). Incluso recopilé algunos textos y los edité a través de lulu.com (con seudónimo, que queda más cool): http://stores.lulu.com/oliverado. He vendido ya 21 copias, lo cual me alegra porque no sabía que tuviera tantos amigos.

Fin de la biografía. Me voy a la cama.

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