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viernes, 6 de abril de 2018

Peliculas. Ana Patricia Moya

CECIL B. DEMENTED, Stephen Dorff, 2000



—¡Corten! ¡Os habéis vuelto a equivocar, joder! —Bramó el director que, cabreado, pateó la silla—. ¡Tanta fiesta en verbenas populares en vez de estudiar el puto guión! —Recriminó a los abochornados actores, hartos de soportar el calor y las exigencias del jefe, aunque no replicaron—. ¡De esta puñetera plaza no nos vamos hasta que terminemos! ¿Está claro?


De repente, Tiranotino (original apodo con el que le habían bautizado, en secreto, el resto de miembros del equipo de grabación, un juego de palabras, por su afición al cine de Tarantino y, sobre todo, por ser un tirano a la hora de dirigir) se percató de la ausencia de alguien y volvió a alzar la voz:


—¿Dónde coño se ha metido mi hijo? —Todos los allí presentes negaron con la cabeza—. Me cago en la leche, ¡lo que me hacía falta! ¡Quince minutos de descanso! ¡Ni uno más ni uno menos, gandules!


Mientras los actores se despojaban de los disfraces para liarse unos cigarrillos y los cámaras, junto a los técnicos de sonido, llenaban el estómago con bocadillos de chóped de oferta y paquetes de patatas fritas, el director intuyó que el chaval se encontraría en el interior del viejo museo. Mientras recorría aquellos pasillos que tan bien conocía y gritaba su nombre sin recibir respuesta, maldijo sus circunstancias: No sólo tenía problemas con sus contactos por la tramitación de los papeles que le autorizaba a rodar en edificios del casco histórico de la ciudad, también con actores mediocres más preocupados en entregarse a la botella, o con el grupo de profesionales poco cualificados con los que grababa y que, por desgracia, eran los que se podía permitir contratar, la mayor parte becarios insolentes recién graduados y que con la excusa de las prácticas no podían reclamar mucho; para colmo, tenía que hacerse cargo de un niñato con tendencias escapistas. Al final, lo encontró delante de un mosaico romano, con los cascos puestos. Agarró al adolescente del brazo, y antes de que le regañara, el otro se defendió:


—¡Tranquilo, tío! —Dijo, zafándose de su padre—. ¡Me aburría y decidí entrar para ver todas estas mierdas históricas!


El hombre, resoplando, se enfrentó a la desafiante mirada del muchacho: Era el vivo retrato de su madre, la encantadora mujer a la que conoció en su etapa universitaria y a la que intentó impresionar, en su primera cita, por aquellas salas con sus “algún día seré un director famoso, triunfaré fuera de esta ciudad de paletos y seré eterno, como estas obras de arte”, la misma a la que prometió amor eterno cuando se quedó embarazada y con la que se trasladó a la capital para cumplir con su gran sueño. Sí, la misma víbora que solicitó el divorcio porque su carrera no despegaba. Pero no era momento ni para la nostalgia ni para el rencor. Aquella misma noche tenía que concluir el rodaje: Expiraban los plazos de los permisos, y lo peor, se agotaba el presupuesto para grabar más escenas, y no había imaginación para improvisar ni tampoco para engatusar a políticos encargados de cultura local.


—Vamos, cafre, te acompañaré al hotel para que dejes de dar por culo —ordenó con una colleja que pareció retumbar en toda la estancia—. Con aguantar los caprichos de la estúpida de tu madre ya tengo suficiente…


***


La exhibición de Los poetas extraterrestres contra las esculturas vivientes asesinas en filmotecas y festivales cosechó éxito de público, hasta el punto de ser considerada por los amantes del género de serie B como una obra de culto. Su director, Ralph T. Bustos - Rafael para los amigos, Tiranotino para los envidiosos, el Haneke frustrado para los críticos serios, obtuvo interesantes beneficios, y para asombro de colegas de profesión y disgusto de su ex esposa (que, casualmente, no paraba de reclamar un aumento de la pensión del hijo en común), donó una gran parte al museo donde rodó, tal y como se prometió a sí mismo cuando encontró en la maleta de su hijo unas cuantas teselas de mosaico después de terminar la filmación que lo catapultó a la fama.


Un año después del estreno, regresó a su ciudad natal para reconciliarse con su pasado de artista incomprendido y proseguir con sus proyectos; el principal, un original romance, en blanco y negro, entre un escritor fracasado que en las noches de luna llena se transformaba en un monstruo con tentáculos, papel que interpretaría su hijo (obligado, quizás como castigo: O eso, o lo matriculaba en un reformatorio militar; también podría ser por falta de dinero para pagar actores de cierto caché) junto a una provocadora alienígena que, curiosamente, cuando adoptaba forma humana, se parecía a  su ex (ya saben, el arte para sublimar, con un trasfondo del morboso rollo de Edipo, enfundado en disfraces de caucho y plástico barato). También participaría como invitado en algún que otro evento cinéfilo para frikis, o impartiendo talleres en los ayuntamientos de varias comarcas. Aunque este tipo de actos y trabajos paralelos le disgustaban porque lo distraían de lo verdaderamente importante, tenía que cumplir: Requería las subvenciones institucionales para seguir grabando.


Y, por supuesto, rodó en el museo su gran historia, su próxima obra maestra: Aquel edificio le transmitía buena suerte. Eso al menos decían los rumores que lo convirtieron en una leyenda cinematográfica de la cutredad suprema.

martes, 26 de agosto de 2014

EL ÚLTIMO RECURSO: ENGAÑARME A MÍ MISMA (VILMENTE) PARA DAR ESQUINAZO A ESTA PUTA SITUACIÓN \ REMEDIO DE NECESARIA Y CONSCIENTE DESMEMORIA PARA NO RECORDAR QUE SOY UNA CIFRA INSIGNIFICANTE MÁS. Ana Patricia Moya

Decir
estoy hecha
y nada me ronda fuera del poema
más que el silencio y su utillaje.
Esta inercia de amor inasible
que me arrulla
obligándome definitivamente
a tender a cero
y
fingir que todo está bien.


Isabel Tejada






Sólo quiero entregar
estos brazos huérfanos
a un cuerpo templado y gentil
que censure mi espíritu defraudado,
que haga posesión de mis huesos
en interminables horas de vigilia,
que me aísle con una sonrisa,
y que me murmure,
calmo,
al oído,
que todo volverá a ser como antes,

aunque todo sea una maldita ficción.

Sólo quiero olvidar
que seguiré despertándome muy tarde
por las mañanas,
que me exaspera recorrer calles
con una carpeta cargada de currículos,

que frente al espejo soy un despojo humano
con treinta y pocos años,
desprotegida, sin garantías de felicidad alguna,
con todos los sueños truncados

que escribir ya no me basta
para derruir toda esta maraña de pensamientos
oscuros que se agolpan, contundentes, en mi cabeza,
y que encharcan mi escasa lucidez

sólo quiero,

sólo

quiero

alguien

alguien
que me rescate
con todas las mentiras
del mundo

y olvidar

que

no

hay

esperanza.




martes, 18 de diciembre de 2012

VIEJAS GLORIAS: CARNAZA PARA BUITRES (O POR QUÉ COÑO TODAVÍA NO HEMOS DENUNCIADO A DISNEY POR HABER ENGAÑADO A TODA UNA GENERACIÓN DE MUJERES). Ana Patricia Moya Rodríguez





Ojos brillantes y sonrisa de satisfacción en Alicia
cuando, eufórica, escapa al bosque:
corretea por los senderos, acogida por la sombra de los árboles,
saluda, coqueta, a las ardillas y a los pájaros de sus ramas,
explora las madrigueras, anhelando un encuentro
con el simpático conejo blanco y su reloj dorado de bolsillo,
se tumba al sol, cerca del riachuelo

pero pronto aparecen los guardianes,
y Alicia se ve acorralada por dos enfermeros y un frívolo doctor
que someten su alma risueña a una camisa de fuerza…

Pobre Alicia.

El diagnóstico: alucinaciones paranoides, desequilibrio mental.
Porque los enormes conejos que tocan la trompeta
y los gatos traviesos e invisibles no existen.
Porque ella no fue testigo de la muerte del último dodó.
Porque su imaginación concibe gusanos fumadores de opio.
Porque el ritual del té y las pastas comienza a las cinco de la
/ tarde.
Porque una monarquía desalmada de aficionados a rebanar
/ pescuezos
es una visión surrealista.

Pobre loca.

Y Alicia se rinde, sumisa: se deja arrastrar por sus captores,
asume la medicación psiquiátrica recomendada,

¿pero quién podría asegurar que Alicia estaba tan mal de la
/ cabeza?

Simplemente le afligía habitar
entre la contaminación atmosférica,
comida basura, primas de riesgo,
príncipes y princesas desleales,
hipotecas, miserias,
y poetas nihilistas.

Y por eso, el corazón se refugió en su realidad.

Dios te bendiga, Alicia.

Dios bendiga a los locos.

viernes, 7 de mayo de 2010

EL CRIMEN DE AMELIÉ. Ana Patricia Moya

POEMA DE “Yo soy lo que dicen mis manos” 
 

Sentimientos encontrados al percibir
la imagen de la heroína edulcorada
lanzando piedras en el puente del parque,
al ritmo de un acordeón nostálgico:
no se pueden arrojar al fondo las heridas
que no cicatrizan, la felicidad resbala
entre las manos, como el pez rojo abandonado,
demasiadas utopías altruistas deambulando en terrenos
exclusivos de la imaginación desbordada.  
De qué  sirve tener alma infantil, pura y soñadora,
para qué dedicarse a limpiar con belleza
la tristeza de los demás con gestos desinteresados
en un mundo donde los sentidos se hallan 
en calentar camas ajenas, para acortar la soledad,
el convertir en deporte el jugar con los sentimientos
de lo que ahora son las personas, trozos huecos de carne
con genitales bajo el esternón,
en simular que somos clones de un Peter Pan con barba,
barrigón y calvo obsesionado con la televisión, caja
de reflejos trastornados y que regala una realidad tan sumamente gris… 
Todo esto le confesé al oído a la chica de porcelana
mientras confirmaba, entre lágrimas ácidas,
que había asesinado mi inocencia a pedradas.  
Porque yo era como ella... 
          y ahora, vivo en la basura, entre tristes
corazones infectados de falsedad
y sonrisas desconcertantes.  




Sobre la autora:  
Estudió  Relaciones Laborales y es Licenciada en Humanidades por la Universidad de Córdoba. Ha trabajado como arqueóloga, profesora de clases particulares, joyera, informática, investigadora de libros antiguos, etc. Actualmente, estudia Master en Textos, Documentación e Intervención Cultural, hace prácticas en una editorial, es pluriempleada – alterna su trabajo de bibliotecaria con el de joyera - y directora \ editora \ coordinadora de Groenlandia, Revista de Literatura, Opinión y Arte en general. Ha publicado un poemario, titulado “Bocaditos de Realidad” (Groenlandia, primera edición del 2008 y próximamente la segunda, este año), y en breve, publicará un libro de relatos eróticos, “Cuentos de la Carne”. Sus poemas y relatos han aparecido en diversos fanzines y revistas, impresas y digitales, de España e Hispanoamérica, así como en diversos blogs. Participa en la Revista de Literatura Internacional La Más Medula y ocasionalmente en la página Web de la revista Andalocio. Obtuvo un accésit en un Concurso de Relatos Internacional. Ha participado en los Talleres Literarios de Creación Eutopia 2007, Festival de la Creación Joven de Córdoba, impartidos por Espido Freide, Juan José Millas, entre otros escritores. Algunos de sus poemas han sido publicados por el Centro de Estudios Poéticos de Madrid en sus diversas antologías. Sus poemas han sido traducidos al inglés, al catalán y al italiano. Tiene su espacio en Las Afinidades Electivas. Posee libros de poemas y relatos inéditos. Ha aparecido en tres antologías digitales: “Esnifando Letras” (poesía y narrativa; España, 2010), “Póker de Reinas” (poesía; España, 2010) y “Anuncios (Des)clasificados II” (narrativa; Chile, 2010).  En breve, aparecerá en tres antologías literarias impresas, dos de poesía, y otra de narrativa.

domingo, 21 de marzo de 2010

En el silencio de la noche. Ana Patricia Moya Rodríguez

(I)

Hace calor.

Las sábanas se me pegan

a esta piel llena

de cicatrices

invisibles.

El insomnio está

acabando

conmigo.

El sudor

me lleva a ti.

Se me repite

tu voz

empalagosa,

de susurros encadenados,

de lujuria

asomando en tus dientes

verdugos de mis hombros

y mi cuello.

No te extraño:

es dura la ausencia

de cariño

aunque sea de mentira.

(Poema de “Yo soy lo que dicen mis manos”, inédito)




Kate y Kevin. Efrayn R.S




Ana Patricia Moya Rodríguez \ Periquilla Los Palotes (Córdoba, 1982) 
Estudió  Relaciones Laborales y es Licenciada en Humanidades por la Universidad de Córdoba. Actualmente, estudia Master en Textos, Documentación e Intervención Cultural, es pluriempleada y directora \ editora \ coordinadora de Groenlandia, Revista de Literatura, Opinión y Arte en general. Ha publicado un poemario, titulado “Bocaditos de Realidad” (Groenlandia, 2008), y en breve publicará “Cuentos de la Carne”. Sus poemas y relatos han aparecido en diversos fanzines y revistas, impresas y digitales, de España e Hispanoamérica, así como en diversos blogs. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, al catalán y al italiano. Forma parte del REMES y tiene su espacio en Las Afinidades Electivas. Posee libros de poesía inéditos: “Material de Desecho” y “Píldoras de Papel”. Está concluyendo el próximo: “Yo soy lo que dicen mis manos”. Tiene novelas y libros de relatos inéditos. Ha aparecido en dos antologías digitales: “Esnifando Letras” y “Póker de Reinas”. En breve, aparecerá en tres antologías literarias impresas, dos de poesía, y otra de narrativa. 

lunes, 24 de agosto de 2009

Caperucita - Regaliz + I Got You Under My Skin. Ana Patricia Moya Rodríguez


Caperucita - Regaliz


Qué tonta era Caperucita Roja.

Tierna chiquilla que hace dulces para la abuelita,

inocente cría que se tragó las mentiras del can feroz,

estúpida niñata que esperó al leñador para ser rescatada,

criatura gilipollas que concebía la vida como un pastel.

Yo soy versión adulta de Caperucita:

llevo siniestras ropas de luto,

un palo lleno de clavos oxidados

y caramelos de regaliz en los bolsillos;

arrastro el fantasma del miserable lobo

y un cadáver anciano de voluntad impasible.

Los manjares de azúcar intragables de mi canasto

- escondidos junto a un libro de filosofía, el tabaco

y la botella de vino - se pudren por el veneno.

              Son regalos para los cuentistas:

abuelas, niñas, lobos y guardabosques

que me intentan engullir con sus fauces hipócritas.


(De “Píldoras de Papel”)




I got you under my skin

I've got you deep in the heart of me

so deep in my heart

that you're really a part of me.

(Frank Sinatra)

A pesar de tus latigazos

en mi espalda,

amor, te tengo debajo de la piel,

corres por la sangre de mis venas de borracha a un ritmo de vértigo,

te has empotrado en ese trozo de carne

            que sólo late,

desgarrándome las arterias con los dedos,

acariciando, dulce y cruel, esos recuerdos

que jamás en la vida podré borrar.

Sí, cariño, te tengo debajo de la piel;

de hecho, siempre has estado ahí…

            …aunque yo, en ti, esté

rota y arrugada en el fondo de tu papelera.

(De “Material de Desecho”)




Ana Patricia Moya Rodríguez (Córdoba, 1982)

Estudió Relaciones Laborales y es Licenciada en Humanidades por la Universidad de Córdoba. Ha trabajado como arqueóloga, profesora de clases particulares, joyera, informática, investigadora de libros antiguos, etc. Actualmente, es pluriempleada - y es directora \ editora de Groenlandia, Revista de Literatura, Opinión y Arte en general. Ha publicado un poemario, titulado “Bocaditos de Realidad” (Groenlandia, 2008). Sus poemas y relatos han aparecido en diversos fanzines y revistas, impresas y digitales, de España e Hispanoamérica (La Siega, Dulce Arsénico, La Bolsa de Pipas, Cinosargo, Deshonoris Causa, Palabras Diversas, Ariadna, Letras, Literatúrame, Laranza Zity, Café con Letras, Saigón, Revista Remolinos, Shiboleth, Creatura, Lexia, En Sentido Figurado, Cruce de Caminos, Letralia\Tierra de Letras, Margen Cero, Delirio, Mitad Doble, Ayvelar, etc.). Participa en la Revista de Literatura Internacional La Más Medula y en la página Web de la revista Andalocio. Obtuvo un accésit en un Concurso de Relatos Internacional (Relatos del Museo Arqueológico de Córdoba). Ha participado en los Talleres Literarios de Creación Eutopia 2007, Festival de la Creación Joven de Córdoba, impartidos por Espido Freide, Andrés Neuman, Juan José Millas, entre otros escritores. Algunos de sus poemas han sido publicados por el Centro de Estudios Poéticos de Madrid en sus diversas antologías. Sus poemas han sido traducidos al inglés, al catalán y al italiano. Forma parte del REMES (Red Mundial de Escritores en Español) y tiene su espacio en las Afinidades Electivas. Posee libros de poesía inéditos: “Material de Desecho” y “Píldoras de Papel”. Está empezado a escribir el próximo: “Yo soy lo que dicen mis manos”. Tiene novelas y libros de relatos, también inéditos. En breve, aparecerá en tres antologías literarias.

Dirección de correo electrónico: yosoyperiquillalospalotes@gmail.com

Más información de la autora en:

www.revistagroenlandia.com

http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2008/10/ana-patricia.html

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