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martes, 19 de octubre de 2010

Volando Libre. Rafael Arrabé Murillo

Sobre la libertad


No todo el que vuela es libre, a veces, es nuestra propia falta de libertad la que nos
hace perderle el miedo a usar las alas, esas, que se supone, están ahí para hacernos libres. Si
pensamos un momento en el mito griego de Dédalo e Icaro podemos atisvar mejor lo que
quiero decir. En su cautiverio, y no habiendo otra forma de escapar que el aire, decidieron
hacer algo que de no estar encerrados, jamás hubiesen realizado. Así pues, a veces, para poder
volar libre, es necesario antes haber estado preso, porque ¿qué es la libertad? La libertad es, a
fin de cuentas, el reflejo más puro de la integridad, de la verdad.

La libertad, la sinceridad, la verdad, el amor… al final, todo es lo mismo, al final, todo
nos esclaviza, pues, ¿Quién no se ha sentido esclavo de su propia libertad? ¿Quién no ha
deseado no haber sido libre… para tal vez, poder volar? ¿quién no sentido el corazón preso al
amar libre e incondicionalmente? ¿Quién no ha hablado, con sincero conrazón, quedando
esclavo de sus propias palabras? Esclavo, y a la vez, libre, libre y responsable.

Libertad, la innata capacidad de decidir entre dos o más opciones o sencillamente, no
optar por ninguna. Libertad, la capacidad de actuar sin opresión ninguna… libertad, la
capacidad de amar y comprometerse, la capacidad de no hacer lo que queremos, por hacer lo
que amamos, la capacidad de nagar lo que apetece, por hacer lo que el amado quiere… he ahí,
el más alto grado de libertad… la que se entrega, la que se da, la que no se reserva para sí, sino
que se compromete con quien ama… la libertad de elegir cómo hacer, sin perder la alegría, al
negar lo que se quiere, por tener lo que se ansía. Libertad… capacidad de ir más allá sin
despegar los pies del suelo.

Volar… sin duda es la sintesis de la libertad, su mejor imagen, volar… sin fronteras,
sin dirección, sin miedo, volar… ser libre… al final, sólo la verdad nos hace libres, y ¿Cuál es
tu verdad? Lo cierto es que todos queremos una cosa de la libertad, la felicidad, y la felicidad
nunca es completa hasta que no es compartida… la libertad que se comparte… la libre
negación del “yo” para ser del “otro”… la felicidad de ser “nosotros” volando libres, dejando
atrás el laberinto de temores y mentiras, de oscuridad y penumbra… ¿quieres ser libre?
Vuela… busca la verdad, y corre tras ella, pues, donde hay verdad, hay luz, donde hay luz, no
hay miedo, donde no hay miedo hay paz, donde hay paz, hay libertad.



martes, 5 de octubre de 2010

Utopía y Corazón. Rafael Arrabé Murillo

¿Quién en su corazón no ha amado? ¿Quién, habiendo amado, no voló hasta la utopía? ¿Quién no anhela en sus entrañas aquello que la utopía ofrece? Dos conceptos tan distintos, lo real y lo concreto, la fantasía de lo abstracto y lo abstracto del corazón…

En la mente de todo hombre nace un día, del deseo, del anhelo, del corazón mismo, la pregunta de lo justo… de lo bello… de lo real e inexistente… del amor. Idealizado, el amor es como el motor que nos mueve, que empuja nuestros actos, que nos llena y nos lleva hasta rincones que no pensamos que teníamos, pero con los cuales vivimos a diario. Es la utopía de lo hermoso, de lo ideal y lo perfecto que encontramos en nosotros a la luz de los ojos de quien nos ha enseñado amar… de quien nos vemos amados. Es cuando Utopía se nos hace concreta y nos aterra, pues aun a fuerza de ser de todos el deseo, por tenerla por lejana, su sola proximidad es aterrante. Extraña realidad forjada sueño la de la utopía del corazón que se estremece entre los brazos del amado… que nos hace vulnerables… pues en un mundo ideal las defensas ya no existen y las barreras son sombras de un ayer que ya pasó. “que maravilloso sería…” nos repetimos en la soledad de nuestra mente… deseando como real lo que anhelamos como ensoñación de lo justo… quién sabe si tal vez de lo divino… y en este punto místico del cuerpo con el alma donde nada duele, en este sueño del hombre que se mueve en un mundo que no entiende y que critica, en este estado del ser que clama a un cielo su justicia inexistente… sólo una ventana hace real lo que en la mente es utopía. El corazón del hombre; tantas veces extraviado, tantas otras asustado, pero siempre esperanzado, puede, en un momento, hacer del mundo de lo real y lo concreto, de lo injusto y verdadero, el mas utópico de los sueños, concretándolo en un todo que aun siendo nada… es un sueño del que no se espera despertar…del amar y ser amado. Utopía y corazón, del segundo nace el primero, en el deseo y sólo este puede hacer verdad, aun con dolor, la utopía mas sincera… y es que, el amor siempre es sincero, es siempre justo y siempre es verdad… y a los ojos de quien nos ama somos perfecto e ideales… a su lado parece que todo es diferente aun cuando cueste el caminar. Que son efectos pasajeros, que el amor se pasa, que no existe, que se va… ¿qué más da si es utopía, qué mas da si es realidad? ¿Qué me importa si es un sueño y que me vaya a despertar? Si a su lado es todo bello, aun que no sea eternidad, si la utopía se hace cierta y el corazón la hace verdad… que me quiten las ideas, porque yo, en mi utopía, mejor opto por amar.



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