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lunes, 19 de septiembre de 2011

Hoy intento decirte algo. Luis M. Hermoza.


Hoy intento decirte algo
pero no estás aquí, no puedo.
¿Cómo te ha ido?
Tu apartamento
guarda olores infinitos (lo sabes)
sabores
y colores de los más diversos. (¿Lo sabes?)
Tengo que decirte algo.
Mentira. No te lo diré.
Por ejemplo, esas flores de tu ventana.
En sí un detalle cualquiera, un detalle lineal
que produjo en mí
la idea de tu compañía
como lo que yo buscaba.
Pensé que sentías por mí
desde la primera vez que quedamos.
Lo recuerdo, dije esto.
(En verdad quería decir otra cosa)
Todo entra por los ojos.
(Lo dije por decir)
Tú me miraste con los tuyos
abiertos, muy abiertos, pero a la vez
como si no hubiese dicho nada.
Todo entra por los ojos
repetí, luego viene el tacto
y después el olfato.
(Y esta vez sí sabía lo que decía)
Tus medias eran verde oscuro.




Las recuerdo sobre el mueble
frente a mí y muy cerca.
Tenían rayas amarillas
y dibujos
que de tanto en tanto las poblaban.
Todo pasó a segundo plano
cuando resulté acariciando
tus pies sin medias.
Está documentada muy bien en mi memoria
la penúltima vez que nos vimos. 
¿Cómo no pensar lo mío?
¿Cómo no pensar que esperabas
que pasase de tus pies
a tu sexo? (No me precipité). 
En la última cena
partimos el pan,
le pusimos tomate,
aceite de oliva, chorizo.
Acompañamos todo
con un exquisito vino tinto.
Una simple pero apetitosa cena de despedida. 
La última cena fue ayer y aún conservo
el olor de lo que hice
en mis manos. 
Me robé tus media.
(No te lo diré)
La encontré en el baño,
en el bote de la ropa sucia.
(Nunca más la encontrarás) 
NUNCA. 
(RISAS)
(CARCAJADAS) 


De Tres formas de perder la cordura.

miércoles, 1 de junio de 2011

Un poema de Luis M. Hermoza.



Podemos doblar barrotes con las manos

romper vidrios con los dientes


hacer polvo las rocas con los dedos

mover montañas


perforar paredes con el láser rojo de nuestros ojos

mandar de vuelta a casa las olas


las lluvias con sus tormentas bajo el brazo

la arena enloquecida con su vorágine en la espalda


las cumbres con sus barbas blancas en la maleta

derrumbar acantilados con la energía acumulada de nuestras palmas


derribar aves de hierro de un escupitajo

apagar volcanes con la orina


desviar tormentas con un soplo

incendiar bosques con un tronar de dedos


convertirlos en desiertos y los desiertos llenarlos de agua

secar los ríos


secar los lagos

bebernos hasta la última gota de las fuentes


eructar el pasado que comienza ahora

hacer vibrar las cuevas


hacer huir los animales

hacer caer los frutos verdes de un solo grito


hacer el amor cien veces antes de que la noche

caiga


ahogar en placenta cada una de nuestras consciencias

apagar los remordimientos como una vela


mirar el horizonte saber que es nuestro

porque sí es nuestro n u e s t r o


que es lo mismo a MÍO pero

cuando se abre la tierra y nos traga


pero cuando se abre la tierra y nos traga

pero cuando se abre la tierra


y nos

traga

Luis M. Hermoza

domingo, 1 de agosto de 2010

El Cornelismo. Sir G

"Duerme, Cornelio, y prepárate para el invierno cuando no estemos nosotros que aún velamos por ti. Vendrá primero la luz enceguecedora y fulminante, a la que seguirá la noche más larga y oscura. Al amanecer emprenderás tu camino hacia la reconquista de lo que quede en este lugar”.
"El cornelismo es una línea de pensamiento pesimista frente futuro de la especie humana, que sueña con un planeta sin seres humanos y dominado por una nueva especie. Ésta es el Simio Pensante, la única especie inteligente, además del hombre, capaz de salvar del caos al planeta cuando éste deje de existir."
"Los cornelistas esperamos con deseo la extinción de la especie humana para que sea relevada por la especie de los simios pensantes como dominadores del planeta. Los cornelistas creemos que la especie humana está condenada a una inminente auto-destrucción. Los simios pensantes encarnan la esperanza de una vida inteligente en el planeta tras la desaparición del ser humano. Por esta razón, tras las campañas de aniquilamiento, la decena de simios pensantes que aún queda desperdigada por el planeta es cuidada con celo por cornelistas elegidos. Arriesgan sus vidas, son traicionados y exterminados los cornelistas elegidos. Pero no les importa. No existe el futuro como especie y mientras más pronto se llegue al final más cerca se estaremos de la Nueva Era. La verdadera Nueva Era limpia de seres humanos.





Un poco de historia del cornelismo


Si bien los simios pensantes que quedan con vida son varios, el movimiento inspiró su nombre en el caso más popular de persecución que los medios masivos recogieron. Cornelio y la actitud heroica del investigador y científico argelino Abdelhamid Laarej, en cuyo laboratorio se dio origen a la futura especie dominadora del planeta. Cuando empezaron a hacerse conocidos los experimentos y resultados del grupo de investigación que el profesor Laarej dirigía, se desató una serie de debates y polémicas entre los estudiosos y sabios del ramo en una línea más bien ética, para acabar focalizándose en la necesidad o no de cuidar y fomentar una especie que reemplace al Ser Humano cuando éste deje de existir. Por un lado, la reacción y rechazo ante esta posibilidad que la mayoría entendió como aberrante y dislocada. Por el otro, los que vieron al Simio Pensante como una alternativa acertada cuando la especie humana se extinga para, de este modo, no dejar al planeta sumido en el completo caos sin una especie inteligente que lo habite. En estas circunstancias, el tema llegó a oídos oficiales quienes, presionados por fuerzas diplomáticas extranjeras, intentaron por todos los medios posibles de hacerse con los ejemplares que guardaba el doctor Abdelhamid Laarej para una posterior eliminación. Antes de que irrumpieran en su laboratorio, había conseguido poner a resguardo a algunos de los Simios Pensantes, lo cuales fueron enviados secretamente a científicos favorables a la preservación de esta especie. El profesor perdió la vida por poner a salvo al último simio que logró sacar de su laboratorio, Cornelio, quien, finalmente, sobrevivió y se encuentra en paradero desconocido. Dado que muchos de los involucrados directos o indirectos en la historia no son personas anónimas y que la figura del científico argelino era conocida y respetada tanto en su país como en numerosos círculos internacionales, esta historia salto a la luz pública y fue recogida por los medios de comunicación de masas. Y, como la historia se presta para la polémica y contiene todos los ingredientes para despertar curiosidad y desatar temores sociales, el tema pasó a ser de dominio público y dividió a los seguidores del caso, como en su momento lo hizo con los científicos e investigadores, en seguidores y detractores. Es cuando las revistas no especializadas intentaron definir el movimiento como un fenómeno social adolescente de pesimismo futurista y lo etiquetaron con el nombre del Simio Pensante más famoso: Cornelismo.

Sir G.

jueves, 10 de junio de 2010

El amor es atemporal. Luis M. Hermoza

Puede leerse también: Todos llamamos amor a lo que queremos.


La belleza vino
pero después
e igual la desvestimos
como a plátano de otra isla,
hinchado y deforme,
que nadie quiere pero tú sí,
pero yo sí. Vino.

Recuerdo. Recuerdas.
Al principio era sólo deseo,
perversión,
depravación al gusto. Remover.

La belleza,
mientras removías mi vientre
y lanzabas tus palabras,
mis palabras en ese momento, vino.
Y salió un geranio de tu boca. Y
aplaudieron todos los presentes,
incluso el señor más dormido.

Logré así, en esa posición, ver

tus pulmones
tan azules como manos sin guantes
en invierno después de lluvia,

tu esófago tan ca rra te ro so,

tu garganta que
cuando vibra abracadabras
bota pecanas,
almendras
y maní.



Octavio Ocampo - Mouth of Flower 






Luis M. Hermoza (Lima, 1977)
Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Barcelona. Dirige la revista digital La Siega (www.lasiega.org) y el fanzine Simiostein: primer zine cornelista. Escribe poesía y narrativa. Actualmente vive en París, después de vivir 10 años en Barcelona. A veces hace video. 

viernes, 2 de octubre de 2009

nO. Luis M. Hermoza.


*

no

voy a tener un coche ecológico
no
voy a tirar menos de la cadena del wáter
no
dejaré de contaminar los ríos

ni apagaré el aire acondicionado
ni desenchufaré la nevera
ni diré menos mentiras






la tierra
que desaparezca poco a poco
tan lento como cae una noche
en el más profundo de los abismos



no ceder el asiento
no tener cuidado con los niños en la calle

en el metro
en los parques
en las escuelas

que el dolor curta sus huesos como al mármol

no
daré limosna al mendigo
no
visitaré al enfermo
y el preso
puede morir entre barrotes sin que me perturbe

yo
tendré un bosque y una casa en medio
–por fuera piedra fuerte por dentro madera–

cubrirá todas mis necesidades perniciosas

la habitarán mis mujeres y mis hombres
algunos de ellos transexuales
todos serán mis esclavos
todos serán jóvenes y bellos

cualquiera que se asome sucumbirá a mis caprichos

andaremos desnudos en verano y cubiertos en invierno

tendré animales perros gatos cabras caballos

agotaré la riqueza de la tierra de mis hectáreas
succionaré toda la savia de sus árboles
comeré todos los seres vivos que la habiten

me llevaré mi tierra conmigo cuando muera
mi especie de consumidores salvajes

no
no voy a hacer bondades
no
no voy a ser el ángel blanco que toca el arpa
seré el diablo desnudo y rojo que agoniza y vive para siempre



Luis M. Hermoza (Lima, 1977)
Vive en Barcelona. Es licenciado en Filología Románica por la Universidad de Barcelona. En Lima estudió literatura hispanoamericana en la PUCP. Dirige la revista digital La Siega, literatura arte cultura (www.lasiega.org) y la publicación Simiostein: primer zine cornelista. Tiene una novela y un libro de poesía acabados e inéditos.

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