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sábado, 21 de mayo de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Malgaste. Maximiliano Spreaf

Es difícil escribir
con la cabeza cuadrada
las aristas afiladas,
y correoso el jazmín.


Débil soy, y me pliego
al ruego de tu hambre lectora,
caminante de líneas
por las auroras.

Cuánto silencio nos traba el amor.
Nos garantiza el retiro,
por el pensar pensador.

Puta soy, de nívea pluma,
Puta soy, más puta sola.

Y aunque la rabia entró
y explotó sobre el tapiz,
aún aprieta la nostalgia
donde un día hundimos
la nariz.

Llevas el pelo retorcido
de pensamientos monocordes,
de silencios obligados,
de malquerencia y hastío.

No mires más mi interior
Que allí no encontraras nada
Mira esta vez tu demencia
Que todo dirá de mí.


Itou Kouichi

sábado, 14 de mayo de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Noche #99. Maximiliano Spreaf

En las noches más comunes

y felices que he pasado

siempre encontré a mis pies

unos cuantos corazones

y los halagos mas fatuos.

No me deje encandilar

por las monedas brillantes,

ni la suerte me alcanzo,

ni la buena ni la mala,

siempre me paseo altanero

en esas horas tan bellas

no hay diva, ni diván,

que me hagan hablar de mi mismo.

Es un secreto, la noche

que solo algunos guardamos

a nadie se lo contamos

y en contadas ocasiones

alardeamos de

saber

como

bajar la luna.

Y en el estruendo mas sordo

de mil niñas estrelladas.

con las manos mas calientes

y las sabanas mas frías,

me he dejado llevar lejos

entre copas y jazmines.

Itou Kouichi

sábado, 30 de abril de 2011

Un lugar para enterrar extraños. a los gritos por el pasillo. Maximiliano Spreaf

Ah! viviendo, que mas da

impresionado,, medicado, ausente

corro por los pasillos a los gritos.

Que lindo!!!

Una pared que no parece una pared

que parece un río, lleno de peces.

Corro por los pasillos a los gritos.

Que lugar mas bello!!!

La ultima vez no estabas tan bonita.

La ultima vez no estabas tan callada.

La ultima vez no estabas tan pálida.

La ultima vez no estabas tan muerta.

Ah! muriendo, que mas da

maniatada, drogada, divertida

Que hermoso!!!

Corro por los pasillos a los gritos.

Que muerte mas prodigiosa!!!

Los zapatos, me olvide

de ponérmelos.

Alguna vez me los puse?

La primera vez.

Que ridículo!!!

Me vuelvo al camastro mejor.

Ya me dio hambre.

Itou Kouichi

sábado, 23 de abril de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Clavos y Flores. Maximiliano Spreaf

Itou Kouichi
Llevas el viento,

en tu silencio,

sabes a orgasmo y a placer,

tus labios, indiferentes,

manos,

pies,

la misma piel.

Toda de olvido,

y de distancia,

toda de puntos...

clavos,

y flores.

Negarse siempre,

no ver si jamás fuiste,

yo no seré,

largo camino el de olvidarte

y desgastante

el ¿para que?

sábado, 16 de abril de 2011

Un lugar para enterrar extraños. El Ferror. Maximiliano Spreaf

Quiero redimir, el hecho de que nos hayamos cruzado.

Y darle un sentido a tamaña equivocación,

De esta ciudad seca, que se empeña en juntar

A los que no nos amamos.

Quiero que nazca en mí un germen de olvido

Que se funda en mis entrañas y crezca fácil y fuerte,

Ni que decir tengo, que quiero, que crezca

Veloz y conciente.

Que al mirarlo pueda decir, que todo ya se ha olvidado

Que no me acuerdo tu nombre, ni tu casa, ni tu cara,

Y todo aquello marcado, por miserables semanas

Se convierta en un grotesco, que rehaga mis mañanas.

Que me ria de las cosas, y sucesos y demases

Que marcaron pocos días, horas bellas, irreales.

Nada de lo vivido se parece a estos recuerdos.

Nada de esos recuerdos pueden marcar esta historia.

Quiero redimir el hecho, de que nos hayamos cruzado.

Itou Kouichi

sábado, 9 de abril de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Tumba. Maximiliano Spreaf

Hay final? veo tu tumba y no veo tu final.

Es el modo que encontraste

para pensar que ya no me necesitabas?

Para huir.

Para no ser.

Para que?

Tu salto fue glorioso, elevado, único

y el golpe final te encontró

en el mismo lugar del que saliste.

Eras vos mientras caías?

Me viste en la cinta final de tu vida?

Tu tumba me llama

y me llamara siempre

a las horas mas extrañas

en los momentos mas difíciles

y menos oportunos.

Me describiste en tu silencio

me olvide de desearte suerte

en tu caída, sos feliz

al final, SERAS.

Itou Kouichi

sábado, 2 de abril de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Parábola de tiempos hediondos. Maximiliano Spreaf

Ave y Pez están recostados

sobre un grueso poste de cemento

frente al templo musical que los aturde

y embelesa

con sus gritos de guerra marginal.

Ave y Pez salieron abrazados

las lenguas azules

los corazones manchados

de desidia y soledad.

Juntaron sus manos al son

de ritmos africanos

de tambores tropicales y lenguaje de señas.

Ave tiene el vientre hinchado

de sexo adolescente

de hambruna y peste

de cartón y chapas.

Pez no mide consecuencias

a la hora del afano

el gladiador químico hace de las suyas

el cuchillo siempre en sus manos.

Adentro todo es jolgorio

se disfrutan las tragedias

cotidianas que los unen

los presos, los drogones y cornudos

abundan en las letras.

Ave y Pez no ven la noche

solo entrecruzan sus lenguas

sueñan que ya no son

que los lleva la corriente de ese río

que los observa.

Itou Kouichi

viernes, 25 de marzo de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Experimento. Maximiliano Spreaf

No me muevo.

La intuición me falla.

No viene.

No termina.

No descanso.

Arriba de todo esto estas vos.

Abajo de todo esto están tus palabras.

Dueña de las palabras.

Un gran silencio.

Un torrente hacia mi cerebro.

Estalla.

Al fin.

Las vísceras en una sartén.

Los deseos en otra.

La imagen.

Distorsionada.

De tu vida.

Y de la mía.

En un vidrio.

En una probeta.

Al fin.

Todo estalla.

Te alcanzo.

Te fascina.

Te desvanece.

Las uñas clavadas al borde.

La patada inesperada.

Gozo. Placer. Desquite.

El vidrio.

Al fin.

Estallo.

Para siempre.

Itou Kouichi

viernes, 18 de marzo de 2011

Un lugar para enterrar extraños. agujas. Maximiliano Spreaf

Calientes putas de finos brillos
Marcan la tierra con parsimonia
Llenan los cubos de la memoria
De historias negras rojas y verdes.

Suenan a gritos de mariposas
A llanto de león flagelado
Queman las naves de sus pasados
No necesitan limosnas.

Clavos de hierro, llueven a mares
Sus cráneos vuelan de sus cogotes
Gimen sus lenguas distorsionadas
Lloran las madres y las pavotas.

Te vas quedando sin su alegría
Te vas sufriendo sus decepciones
Clavas la aguja que merecías…

(La merecías, perfecto idiota?)

Itou Kouichi

viernes, 11 de marzo de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Ya No. Maximiliano Spreaf

Coróname de espinas, puta, lastímame, corrómpeme.
No tengo paz sin tu odio, sin tu áspera piel.
Corta mis brazos y chupa mi sangre gélida y mortal

Embriágate de mis venas y mis tendones.
Grita de bronca al ver que disfruto mirarte flagelarme
Ahógate en el asco que te da mi satisfacción.

Ya no te odio.

Itou Kouichi

viernes, 4 de marzo de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Don. Maximiliano Spreaf

Abre cielos y abre tierras,
Quema las huestes cristianas
Azuza con latigazos,
A la moral de las damas.

Que pierdan sus amuletos!
Sus cruces y sus estampas
Que se revuelquen en tierras
De misiones y de escarchas.

Prueben el maíz punzante
En sus rodillas desnudas
Y los castigos más crueles
Y las palabras más rudas.

Orgías con bataclanas
Tendremos ahora, ...cientos!
Nos beberemos sus almas.
Y morderemos su aliento.

Itou Kouichi

viernes, 25 de febrero de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Lis. Maximiliano Spreaf

Lírica azul desnuda ante tu ausencia
Una sola vez podría esperar tanto,
Cada cosa en su sitio, aguardando,
Inertes, tu llegada, tu presencia.

Ausencia que dibuja la tortura,
Noche gris perlada, incandescente,
Arrobada de tu luz indiferente,
Imagino mi dolor y mi locura.

Río, lloro, me espanto de mi mismo,
Entre lágrimas te miro obnubilado,
Nostálgico, furioso, arrebatado,
En tus brazos caigo, ensombrecido

Solo quiero quedarme así dormido,
Ante tanta soledad que se avecina.

Sin querer mis manos ya lo afirman
Tiemblan al saber de esa agonía,
Rozan el sudor que hay en tu frente,
Enmiendan indulgentes tu osadía.

Itou Kouichi

jueves, 17 de febrero de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Ira. Maximiliano Spreaf

Renegar de las sombras siempre me convirtió en un cobarde.

Arrojas tus palabras como en un duelo feroz, furiosas.

Mal que nos pese, llegamos a esto por nuestra ira,

Esa que no podemos resolver ni aplacar en nuestra cama.

Itou Kouichi

jueves, 10 de febrero de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Jeringas. Maximiliano Spreaf

Me diste la nada para que la envuelva en celofán
Y te la reenvíe por mail a tu cuenta inexistente.
Mi chica, eras, dijiste. Cerremos esta historia de la peor forma.
Odiándonos.
Caliento motores ahora.
Traigan jeringas que venas sobran.
Las venas que admirabas.
De las que bebiste mis palabras, que boyan en mi sangre, por
ellas.
No me gusta la gente tranquila. No me gustan los cobardes.
Ni los que dedican 20 años a ser alguien que no serán nunca.
Y se pierden lo mejor de pasar por este lugar de tristeza oral.
Yo así te suelto los dedos, no sos nada. Ni corres ni flotas.
Traigan jeringas que Belfast me queda a la vuelta de mi casa.
Vos podes seguir de snob en Leiden, perdiendo.

Itou Kouichi

jueves, 3 de febrero de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Rebaños. Maximiliano Spreaf

Nublas el sol del mediodía, pariendo estrellas,
Sin bocas, sin ojos, sin manos, que astucia la tuya!!
Dejarnos mudos, ciegos y profanos!
Roja sangre en los canales, acueductos, manantiales,
Víboras negras, amarillas, azules, rojas y verdes,
Casas muertas de tanta mierda suelta, de hijos de padres,
De lectores, de rebaños que corren para el mismo lado siempre.
Mangas cortas, pechos helados, puntiagudos, icebergs
Quebrados, mustios, quemados, cortados, manchados.

Itou Kouichi

miércoles, 26 de enero de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Lunes. Maximiliano Spreaf

Nublado, aburrido, malpensado día el de hoy. No va a haber sol
que saque a relucir las carnes grises de los viejos y los psicópatas.
El se canso de su propia culpa y colgó una soga al amparo de su
inconciencia.
Ella no quiere que la lastimen más diciéndole narigona de mierda.
El despisto en una relación demasiado fuerte para su destino de
cartonero.
Ella ve que acostarse con su padre no fue la solución a ninguno de
sus problemas.
El se acuerda de la nena que dejo caer al vacío.
Ella se arranco la cabeza una noche y mato de veintidós puñaladas
su dignidad.
El corre sin mirar a los costados.
Ella se tropezó con su propio abrazo y se lo llevo de parranda.
El no la quiere ni cruzar porque no sabría que decirle.
Somos todos.

 Itou Kouichi


miércoles, 19 de enero de 2011

Un lugar para enterrar extraños. El Perro. Maximiliano Spreaf

Se levanto temprano porque le pedían a gritos que abra la puerta.
Alguien golpeaba y gritaba en su puerta esa mañana.
No entendía, estaba aturdida de sueño todavía, con la resaca de la
noche anterior. Tanteo con su mano derecha el celular, que se
había convertido hacia unos años ya en su reloj despertador, eran
las siete y media de la mañana. Generalmente a esa hora ella era
nadie. No existía.
Habían pasado meses desde el día que se quedo sin trabajo.
Mirando el celular, y escuchando los golpes y los gritos,
recordaba la caminata de regreso a su casa en la mañana que la
despidieron diciéndole que había finalizado su contrato con la
empresa. Se lo venia venir, hacia unas semanas varias de sus
compañeras de trabajo le decían que estaban cerca de los tres
meses de contrato y que en cualquier momento quedaban
afuera.,sin posibilidades de seguir trabajando ya que la empresa
tenia planes de reducir personal porque las cosas no andaban del
todo bien.
Los gritos y los golpes seguían. Era una mujer la del otro lado de
la puerta. Se la notaba desesperada, no paraba de dar fortísimos
golpes en la chapa de la puerta, como si quisiera derribarla. Ella
no alcanzaba a distinguir si era una voz conocida, ni siquiera
podía distinguir lo que gritaba. Trato de levantarse, busco con los
ojos casi cerrados algo de ropa. No veía nada. Los golpes se
hacían cada vez más violentos. Se sumaron varias voces.
Hombres y mujeres que gritaban con desesperación. Logro
entender que lo que decían era su nombre. Martina. Pero nada
mas, las demás palabras se morían en el intento de ser descifradas
por su cerebro, que en ese momento solo atinaba a poner en
funcionamiento débilmente sus piernas. Intentaba abrir más los
ojos, en esa intentona alcanzo a distinguir un resplandor que lo

atribuyo rápidamente a la ventana que tenia al lado casi de su
cama y por la que se metía a diario el sol y el ruido de los pibes
que jugaban en la calle, como era costumbre en su barrio.
Se recostó de nuevo, viendo que no había reacción en su cuerpo
para hacer nada.
Empezó a divagar, a recordar el barrio de cuando era una nena.
Todo había cambiado ahora. Desde la arquitectura hasta la misma
gente del barrio. La gente era distinta. Cuando era una niña había
jugado mucho en una especie de bosque de eucaliptos que había a
unas cuadras de su casa. Era todo un misterio entrar ahí y
descubrir las cosas que pasaban. Se acordaba de haber escuchado
las historias más escabrosas y más inverosímiles que
supuestamente habían pasado allí.
Desde hombres lobos, hasta suicidas frustrados que se colgaban
de los añosos árboles, haciendo una muy mala elección para
terminar con su vida. Porque es sabido que las ramas de los
eucaliptos son de las que más fácil se quiebran cuando el árbol ya
tiene varios años, y era así que en su intento lo único que lograban
era partirse en dos una pierna o la cadera.
Recordó que una vez caminando por los senderos que la misma
gente de tanto pasar una y otra vez habían dibujado entre los
árboles, encontró, no ya un suicida tratando de acabar con su
sufrimiento, sino un perro de gran tamaño, un doberman, atado
por el cuello con un grueso alambre y oscilando de un lado al otro
colgado de una gruesa rama. Se quedo paralizada de miedo ante la
escena. El perro aun estaba vivo y agonizaba lentamente. Se
pregunto quien le había hecho eso, y automáticamente le vino a la
cabeza la imagen de Vilma, su vecina, que odiaba a los perros y
mas de una vez la había escuchado decir que habría que matarlos
a todos o llamar de una buena vez a la perrera para que viniera
con sus lazos a llevárselos del barrio. Se quedo mirando el perro
colgado, aterrada. Sabía que no podía hacer nada. No tenia el
valor siquiera de acercarse un poco mas al animal. Hasta tenía
miedo de que al tratar de liberarlo o con solo acercarse, el perro se
soltara de golpe y la atacara. Comenzó a correr, alejándose
velozmente de ahí, mientras las lágrimas se agolpaban en sus
ojos.

Los golpes en la puerta se trasladaron también a la ventana.
Estallo el vidrio y la saco de sus recuerdos.
La casa se quemaba. Como su niñez.



miércoles, 12 de enero de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Enamorado. Maximiliano Spreaf

Entre todos llevaron el pedazo de madera adentro de la casa y lo
pusieron en el piso del comedor. Los hermanos lo miraban ahora
con curiosidad. El viejo les había dicho que se los regalaba solo si
lo iban a cuidar bien, porque dentro del leño vivían las mariposas
que el había rescatado de su estomago cuando era joven y estaba
enamorado. Ellos accedieron y se quedaron con el madero. El
viejo pronto se fue, rápido, dando saltitos y riendo despacio.
Ahora querían ver las dichosas mariposas. Pero el pedazo de
tronco era un solo bloque macizo. Era imposible que algo
sobreviviera ahí dentro. Lo observaron unos minutos y se dieron
cuenta que el viejo los había engañado. Nunca pudo sacar las
mariposas de su panza y meterlas ahí dentro. Lo que si pudo hacer
fue dejar de sentir, y crear un misterio envuelto para regalo en un

pedazo de madera. Nunca iban a saber si alguna vez en verdad
estuvo enamorado.

Itou Kouichi


miércoles, 5 de enero de 2011

Un lugar para enterrar extraños. Solemnes. Maximiliano Spreaf

Los viejos que estaban pateando al pibe habían bajado
sonoramente por las escaleras.
Tenían palos, escobas, hasta había uno con un pequeño cuchillo
en su mano derecha.
Eran tres, pequeños, una mujer y dos hombres.
La mujer tenía un porro de marihuana en sus labios, ardiendo.
Tendría unos setenta años, ropa de turista y borceguíes azul
Francia. Era la más violenta, no paraba de sacudir su escoba sobre
la espalda del niño que se retorcía en el piso.
Uno de los hombres tenía un vestido negro, de esos de fiesta
familiar de sábado por la tarde, y una vincha en su pelo gris que
lucia como un trapo de piso que hacia años estaba tirado sobre su
cabeza. Era el del cuchillito, con el escindía la frente del joven
con inscripciones tales como “truhán” y “veneno”. El que
quedaba miraba toda la escena y se babeaba, era el mas anciano,
parecía eterno, un Matusalén suburbano, enloquecido y vil.
Relojeaba por entre unos gruesos lentes la situación y parecía
calentar motores para dar el golpe de gracia con un madero
redondo y negro que tenia entre sus añejas manos. La vereda de
esa calle era un infierno bello, dantesco a más no poder y elevado
a los cielos de la ultraviolencia senil. El pibito no paraba de
recibir golpes, se tomaba la cabeza, la espalda y las piernas, todo
en una veloz y repetitiva acción. Gritaba. Escupía sangre. Lloraba.
Tenia una camisa verde agua que se estaba convirtiendo de a poco
en un harapo grisáceo, entre la mugre de la vereda y su sangre.
La vieja del porro ardiente se estaba quedando sin escoba ya, se
deshacía en sus manos, convirtiéndose en astillas que quedaban
en el piso y el cuerpo del pobre niño. De pronto el mas anciano, el
que se babeaba, que ya se había orinado encima también, pego un

grito tremendo, como un relámpago: “Basta ya!!! Salgan!!!
……..Que ahora es solo mío !!!!!”
Su voz era nueva, jovial, fuertísima, hacia dudar de la realidad
horrible que mostraba.
Elevo el madero redondo por sobre su cabeza, se arrodillo junto al
joven, que aun era golpeado ya débilmente por la vieja de los
borceguíes azul Francia y con un golpe certero, seco y
endiablado, le partió la cabeza al pequeño. Se escucho un ruido
como de un pomelo estrellado contra una pared, y un
pequeñísimo quejido de muerte. El ancianisimo se levanto a duras
penas, contemplando la masacre, sudado, meado y aturdido. Sin
decir una palabra, los tres viejos subieron las escaleras,
ayudándose entre ellos, a duras penas, con una sonrisa radiante en
sus caras. El viejo del cuchillito dijo: “Solemne será tu madre,
pendejo desubicado…….” Y escupió el piso mientras se
acomodaba el vestido.

Itou Kouichi

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Un lugar para enterrar extraños. El Loco. Maximiliano Spreaf

Dados en el bolsillo
De la belleza interior
De los lirios que la cubren
Solo me llevo dos.

Uno para mi reputación
De masticador de clítoris
Y progenitor audaz
El otro, para olvidar.

Que las letras que regala
Se quedan en mi memoria
Como unas púas de amianto
Me aguijonea la historia.

Fíjate bien lo que haces,
En estos días melosos
No quiera el tiempo acabar
Con tu rol de belicoso.

Que es lo que permanece
Entre todo y entre todos
Tu fulgor de selenita
Perdido de todos modos.


Itou Kouichi


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