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jueves, 2 de abril de 2020

Memorias de África. Rubén Lapuente Berriatúa




del diario de una soldado de la edad dorada



Sedado pero lúcido
puedo imaginarme estar
bajo su piel macilenta
oyéndole el trote lejano
que se acerca sin ritmo.
Me lo balbucea 
a la cabecera de la cama
adonde acudo al oír
el grito de soledad
que me lanza su campanilla:

No he sido nunca una persona llana.
No he sabido fingir.    
He menospreciado a quien
no compartía mis emociones:
El álgebra, la música, la astronomía…
Nunca he hablado por hablar.
Y ahora que llega
ese afilado runrún sin melodía
voy a ser el mismo
que ha vivido siempre solo
pero fiel conmigo.
No me arrepiento de nada.

Eh Santiago…
¿Y si le ponemos música
a ese zumbido?
¿Y si viniera mi pequeño Mozart,
aquí, con su clarinete y la partitura
de tu enamorado adagio:
el de Memorias de África ?

Medio vestido para el concierto
puedo imaginarme estar
bajo ese traje con babuchas
sedado pero lúcido
mientras la caña de mi hijo busca
su frescura y el aire
su vericueto en el ébano…
Y Mozart vuela
con ojos de tierra
sobre la sabana de su memoria
sobre la estampida
de una alimaña voraz
que de pronto…
(lo noto en su rostro)
enmudece e interrumpe
por un adagio
su devastador viaje.
                 



martes, 20 de febrero de 2018

La mujer del lanzador de cuchillos. Rubén Lapuente

La fille sur le pont (1999), by Patrice Leconte



El cuchillo gira una vez
antes de reflejar
en su acero
la sien de la mujer
De quedarse
a un tris de la voz
En la cala de madera
a un grano de arena
de la cintura
Entre los muslos
timbrando
lo más lejano
lo más íntimo

Él arriesga siempre
hasta la cumbre del filo de su piel
Ella es una diana
entregada
esperando en silencio
lo incierto
el azar…

Un leve reguero
de sangre
comienza a bajarle
por la pierna
El lanzador
mientras desclava
dolorosamente
uno
a
uno
sus destellos de plata
la ve sonreír…

El amor es un collar de rubíes
sobre la arena
que bajo su pie
ella demora
enterrarlo
un instante…

Mientras las luces de la noche
golpean las ventanillas
del carromato…
La mujer tomará
entre sus brazos
al hombre

como si fuera un niño

jueves, 18 de diciembre de 2014

Kamikaze. Rubén Lapuente



Ore wa, kimi no tame ni koso shini ni iku. Taku Shinjo, 2007
        

Me brindan una muerte hermosa
Vendrá a recibirme la gloria
Fue aquel filo de acero en las palabras
Aquella arenga que macera la carne
en orgullo  en dignidad   en pureza
Que trasciende la vida y la muerte
El emperador os sueña nos dijeron
Y cómo negarme si el valor
de la vida ante el deber
tiene el peso de una pluma
Cómo no dar un paso al frente
si nos están humillando
A la cabeza me he anudado la cinta
de mi patrio sol rojo violento
Oh felicítame madre
"como una tierna flor de cerezo caeré”
le he dejado escrito
Sobre el mar de aguas de jade tembloroso
éste será el último cielo azul puro que veré
Abajo ya avisto el gigante acorazado
Y en picado mortal como un Ícaro
de plata desciendo esta curvada hoja
de acero de viento divino…
Mil veces mil  trepidante gira la hélice
Oh todo viene hacía mí
como en ancas del vértigo
En la carlinga no cierres los ojos
me dijeron
Que viene a recibirte la gloria
Que todas las flores de cerezo del templo
brillarán para ti


martes, 9 de septiembre de 2014

El lento mudar de las paredes. Rubén Lapuente


Foto de José Alfonso



Soy un objeto arrojado en un rincón 
de una habitación cualquiera,
desde aquí contemplo
el lento mudar de la vida:
Aquel tiempo que no vi de mi hijo 
acercándoseme
como un hermoso paisaje mío, íntimo.
La cepa de su cepa después
alzando visajes de niña
acunando nuevos sollozos.
Vinieron luego aquellos tránsitos 
apresurados de gentes  y gentes
que se cruzaron conmigo
aquí como aparecidos
como temblores de arena.
Y aquel augurio antiguo
de rayuelas bajo el agua
que trajo el desasosiego, el apremio, el tumulto,
el saqueo en los armarios…
Y ese último paso renco en el pasillo,
la puerta cerrándose con un enorme estruendo,
el silencio de la calle como un misterio,
la voz de la carcoma en los muebles 
con esa duna amarilla
que aún avanza hacia mi canto…
El pausado polvo cubriendo
el cristal de la ventana,
la luz volviéndose lúgubre,
casi, casi ciega,
desde aquí, y ahora,
sin poder saber nada,
contemplando
el lento mudar de las paredes.


©Rubén Lapuente
http://rubenlapuente.blogia.com/ 

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