miércoles, 12 de septiembre de 2012

La Fanzine # 9. "La Rutina" en El Respiro.


Mesón "El Respiro". Calle Fernán Núñez, 13.
Zona Villavieja. Bembibre (León)

Ya llegó, ya está aquí: La Fanzine #9: La Rutina



Con las colaboraciones estelares de: El Céfiro, Begoña Leonardo, Jorge M. Molinero, Óscar R. Cardeñosa, César Gavela, Dream, Marcos Antón, Violanihil, Daniel García "Castorín", Jeremías Joe, Javier Flores Letelier, Patricia O. "Patokata", Rafael Indi, David Sanz Morgado, Ángel Muñoz, Rubén Casado Murcia, Antonio Díez, Lucía Ortiz Fernández, Esgarracolchas, Borja Díaz Manzanares, Áleqs Garrigóz, Iván Rafael y Patricia Maestro.









¡Larga vida a La Fanzine!

lunes, 10 de septiembre de 2012

Cementerio frente al mar. Iván Rafael




He llegado al cementerio frente al mar.
Aquí
las tumbas se orientan en dirección al sol
según sea la franja horaria
y los cuerpos yacen sobre las losas
diseminadas en la arena.
Hay flores de colores.
Enormes flores de colores
adornando de sombra cada sepultura.
Niños y niñas sentados en la orilla
construyen mausoleos,
escriben epitafios
y cavan fosas
con cubo, rastrillo y pala.
Ya veremos cuánto tiempo aguanto muerto.
Por ahora
voy a extender la toalla.

Iván RafaelVOZ DE TIZAhttp://vozdetiza.wordpress.com/ 

jueves, 26 de julio de 2012

Un poema de Max Ernsth




Te amé desde que te vi nacer en mis ojos,
mientras mis tibias manos te esperaban.

Te amé desde que extrañé tu murmullo,
desde que, asfixiado en mi mismo,
sabía del camino de tus venas a través de tu cuerpo…

Te amé en esos momentos lejanos,
en esas montañas sombrías,
en mi alma partiéndose en mitades,
en el desierto frío,
en mi mente buscando la tuya,
en mis suspiros buscando alivio,
alivio con tu mirada,
extrañamente ausente,
esperando ojos en que encallar,
labios en que morirse.

Te amé.

Y te amo.

En esta llovizna fresca,
en estas lanzas agudas,
en mis dedos viajeros por tus llanuras,
en mi hambre de ti,
de la pieza perdida.
Te amé acomodada en mi pecho,
dormida en mis labios,
en segundos ausente,
en milenios presente,
sentada en las ideas,
en abrazos totales,
en kilométricos viajes,
en noches húmedas,
en tardes salvajes,
a escondidas,
expuestos,
íntimos…

Te amé cuando dijiste que me amabas,
cuando la luna total nos llenó,
cuando cayeron las hojas en tus hierbas,
cuando hirvió tu sangre en mi boca,
cuando sudamos por los mismos poros,
cuando descubrimos caminos,
cuando en bosques orientales
te dije que te amaba.

Te amé en
bosques, parques,
lagos, estanques,
ciudades, calles,
tiendas, salones, autos,
plazas, casas, patios, bardas,
pechos, piernas, brazos, manos, labios, ojos…

Te amé
mientras no podíamos vivir sin nosotros
nosotros somos, somos nosotros,
otros, desde que nos amamos,
y el tiempo fluye en grandes caudales,
y pasan los meses como horas,
y las horas como segundos,
y los segundos como besos profundos;
y ya no puedo dejar de contemplarte,
y estoy amarrado a tu abrazo,
unido a tu mejilla,
untado en tus piernas.


Te amé cuando comencé a extrañarte…
te amé desde que te vi nacer en mis ojos.

jueves, 14 de junio de 2012

Qué comeremos hoy. Patricia Maestro.

En días así noto más esa falta,
ese vacío que genera mi lejanía,
la nuestra, la de la vida y el tiempo.
La lejanía de la madurez, del hacerse
adulto, del cada uno a lo suyo.

Del qué comeremos hoy
y facturas sin pagar.

Juventud endeudada. Y un avaro
contador de estrellas que se apropia
de lo que estaba ahí para todos
y luego nos lo vende.

Y así, nos venden estrellas,
sueños y confort, nos cobran un riñón
 y acabamos comiendo mierda.

(Ilustración de Saint Exupéry)

martes, 29 de mayo de 2012

Un poema de Xurxo Fernández González

De la guitarra se escapa la nota sostenida
arrecia el eco sentido del poeta sin vozal
y otras,que,suben,bajan,aún van vestidas
y se escapan de la caja con tono musical

las cuerdas vibran,
el objeto se hace sujeto en la vida
¡avanza la guitarra!
se desnudan hacia la claridad del ventanal

los pequeños gorriones despliegan sus alitas
l@s artistas se estremecen
y revierten el verde natural

como si fuesen suaves liras
que trinan solícitas
sí..., las alitas...
las notas hacen sus nidos en la vida
¡nos advierten de otras citas!

El tiempo es gris en ese balcón
brotan las lágrimas de la inmensidad
¡esas que hacen nudos!
¡no es de la ciencia que salgan más!
trina el poeta, la guitarra
y los pájaros de la libertad.


http://ventilan.tumblr.com/post/7319101547/dead-bird-by-indoloony

amor muerto + sangre comunera. Sergio Rioja Riaño

AMOR MUERTO

La belleza se hizo carne
Cuando tú naciste.
A la gente invisible,
Pues tu belleza es mi arte,
Pues tu belleza es mi nave.

Tu cuerpo invade mi mente
Con una imagen simple.
Mi cuerpo inservible,
Pues yo he anclado al verte,
Pues has parado mi mente.

Tu cabeza soñadora
Engañó a mi radar.
Te hiciste con mi alma,
Con tu sonrisa loca,
Con tu mirada loba.

Tus manos eran mis dueños,
Mis manos los tuyos.
Juntos contra el muro,
Contra todo lo efímero,
Contra todo lo muerto.

Tus besos son religión.
De mi fe no dudo.
Pero ahora soy nulo,
Si no tengo esa visión,
Si no tengo tu ritmo.

http://nosfist.deviantart.com/art/Communist-girl-291427397


SANGRE COMUNERA

Castilla es de secano.
No necesita recordar.
Como el tiempo le fue a robar
Todo el sudor trabajado.
Un pueblo que fue mermado.
Un pueblo desarraigado.
Pueblo digno en la batalla,
Sus luchas nacen en su alma.
Pueblo que yace en las rocas
Que levantan su mirada
En la almena de su nombre.
Y su pueblo en la vereda,
Dispuesto a encender las yescas,
Elevar los estandartes

Y reencarnar el espíritu
De quien amase sus altos,
De quien amase su aroma,
De quien amase su calma,
De quien amase su fuerza.
Tierra ahora deshilachada,
Renacerá con fiereza.
Tierra, barrida con esparto,
Con su sangre comunera.


http://tintavisceral.blogspot.com.es/

miércoles, 4 de abril de 2012

¡Poetas! - Poets! ANTONIO LOZANO RASPAL

http://www.rojaksite.com/maggie-lochtenberg/




¡Poetas!

¡Poetas del mundo, uníos!
Hay que salvar el Planeta,
con él a la Humanidad
del gran peligro que acecha.

La Poesía es BONDAD
hacia la naturaleza,
sublimación de los seres
que el Universo concentra.

¡Poetas del mundo, uníos!
Hay que conservar la Tierra
en óptimas condiciones
para disfrutar con ella.

La Poesía es AMOR
que en la belleza se vuelca
y es bello este Globo Azul
lleno de vida y riqueza.

¡Poetas del mundo uníos,
Artistas de las Esferas,
para aunar las voluntades
y retomar las conciencias!

La Poesía es VERDAD,
notable expresión de ideas
que brotan del corazón
y que la razón contempla.

¡Poetas del mundo, uníos
para preservar la Tierra
de tantas calamidades
como seguro se acercan!

Tomar las medidas ya
que las naciones no aciertan
de bondad, amor, verdad
para salvar el Planeta.

Un POEMA UNIVERSAL
con las voces más señeras
se alce para cantar
la mejor vida en la Tierra.


Poets!

Poets of the World Unite!
We must save the Planet
with him to Humanity
the great danger that lurks.

Poetry is KINDNESS
to nature,
sublimation beings
that the universe concentrated.

Poets of the World Unite!
We must preserve the earth
in optimal conditions
to enjoy it.

Poetry is LOVE
beauty that turns
and this beautiful blue globe
full of life and wealth.

Poets of the world unite,
Artists of the Spheres
to join the wills
and regain the consciousness!

Poetry is TRUE,
remarkable expression of ideas
that spring from the heart
and that reason provides.

Poets of the World Unite
to preserve the Earth
of calamities
as safe are coming!

Take action now
that nations do not succeed
of kindness, love, truth
to save the planet.

A POEM UNIVERSAL
with the most unique voices
rise up singing
the best life on Earth.

















































Antonio Lozano Raspal
Nacido en Madrid en 1934
Residente en Móstoles (Madrid)
Asociado en ASEAPO (Asociación Española de Amigos de la Poesía)desde año 2000
Libros: "Versos al son" Amazon
"Un tema para un poema" Amazon
Colaborador en revistas y redes sociales

Reno. Fátima Menchen



fatimamenchenilustracion.carbonmade.com
sraelefanta.blogspot.com.es.

lunes, 2 de abril de 2012

Un poema de Carlos Felipe

Sinuosa iluminación bastase
De la ríspidamente esculpida
Palabra sobre las incesantes
Escupideras del estragado sol,
Y que un suntuoso ladrido llame
Feroz el fuego de la resurrección:
Culminante befa de la virgen,
En tus agrestes cadenas desangras.

De las intimidades calcáreas
Cansadas de crecer en un dédalo
Con raíces al silencioso mar.
O, ablución parida del ocaso,
Eminente escapulario del espejo,
Cae sobre tus ojos como un reflejo,
Destinado a perecer entre vientres,
Colmillos de la inmolación eterna.

Photo credit: Florian Möllers for Wild Wonders of Europe

viernes, 30 de marzo de 2012

SORTILEGIO DEL PECADO . Rubén Suárez Valverde

Aquí os dejo un poema erótico y nostálgico de Alaridos de un poeta. Cuenta entre sus pareados decasílabos y el isosilabismo perpetuo que se manifiesta dentro del poema, el proceso que lleva a la pasión desde las consoladoras copas hasta el vago rumor de las sábanas. Es una de esas historias en la que el sexo puede ser el inicio de algo hermoso, o simplemente, un escape mutuamente compasivo, corrompido por el despecho o vestido de insustancial e instintiva pasión. En este último caso cabe un dilema que se plante el poema: seguir con ello solo por esa razón, añadiendo la propia traición que te aleja de la soledad, convirtiéndose solo en eso, en compañía, y en un falso y vano remedio para olvidar un amor pasado (Amor Ajeno, poema de Alaridos de un Poeta) asegurando el dolor para ambos o una falsa com! placencia y alegría, o aceptar lo que fue y seguir cada uno por su camino. (Sé y conozco a gente que prefirió la falsa complacencia, los compadezco, los admiro y los maldigo). Aunque si el recuerdo de Don Nadie no te persigue ¿Por qué no seguir? Eso ya es una opción más limpia y fácil de tomar. Os dejo que disfruten del poema:





I


Te conocí varada en un bar
bebiendo sólo por no llorar
(¡ como si el efecto de un licor
aliviara a tu alma del dolor!)
Brindando por nuestros desamores
con copas de muy buenos licores
( sufríamos sí, pero con orgullo,
no nos haría callar un murmullo).
Nos contábamos nuestros pasados
parecíamos estar destinados,
y en la barra de aquel bar postrados
diciendo versos improvisados
te robé un beso sin darte cuenta,
aquellos besos de cenicienta…


II




Tomando la penúltima copa
a ti ya te iba sobrando ropa.
Decidimos irnos de aquel bar
pues ya estaba a punto de cerrar
y entre besos fuimos al hotel,
no di tregua a tus labios de miel.


Las farolas guiaban el camino
y alumbraban tu andar femenino,
aquel hechizo de tu cintura
que hechizaba a mi poca cordura
con el redoble de tus tacones
al ritmo de nuestros corazones.


III




Llegamos al hotel entre besos
y excitados hasta nuestros huesos,
abriste la puerta con cuidado
yo ya estaba medio desnudado.


Me elevaste a tu reino, el colchón,
en donde derrochabas pasión
con elegancia de fina dama,
eras mi dueña en aquella cama
y yo solamente un peregrino
errante por tu cuerpo divino,
sortilegio del carnal pecado,
lujuria, sexo desenfrenado…
o eso daba a entender tu mirada
tan felinamente maquillada
y tan provocadora y excitada,
que era digna de estar censurada.


IV


Perdido en las dunas de tu pecho
nos fundimos juntos en el lecho
entre mis besos y tus gemidos.
Llegando por tu cinco sentidos
al punto de fuga de tus piernas
que conquisté con caricias tiernas,
me sometí a tu danza perfecta
y tú anclaste en mi pasión erecta.


V




Eras un manantial de placer,
un licor de Venus que beber
para remediar mi soledad
tan invocada en la oscuridad
y así escapar de la identidad
que me atormentaba sin piedad.


VI




El fin de este mundo era tu piel
que llevaba por nombre Anabel,
tus labios la puerta del paraíso,
y si el Señor me da su permiso
diré que tu mirada marrón
era mi Dios y mi religión,
o simplemente eras mi adicción
en aquella angosta habitación.










VII


Ya con nuestros cuerpos consumidos
permanecimos allí dormidos,
ya con la pasión desvanecida
se marchitaba la noche herida
por el sol que lucía en la ventana
pues ya había llegado la mañana,
y con ella llegaron las dudas
¿Qué decían esas palabras mudas?
¿Qué decía el silencio al despertar?
¿Quién éramos en aquel lugar?
No sabíamos nuestra identidad,
ni si quiera éramos de esa ciudad.


VIII


No era nuestro destino seguir
con aquello…para que mentir…
espero no arrepentirme de ello
ya que pudo surgir algo bello,
pero no estábamos preparados
pues nuestros corazones quebrados
aún no habían conseguido olvidar,
y yo veo imposible eso de amar
si tu corazón no ha olvidado
aquel amor que ya esta pasado.


IX


Y tras esta verdad confesada
fui buscando mi ropa tirada
por el suelo de la habitación.
Me vestí con mucha precaución
porque yo no quería despertarte
aunque creo que ya lo hice el besarte
con ese beso…ese último beso…
ni las sábanas se acuerdan de eso.


El sol era cómplice de mi huida
mientras que tú te hacías la dormida,
yo ya sabía que estabas despierta 
cuando salí por aquella puerta,
pero tampoco te despediste
fue esa la última vez que me viste.


X




Me fui para seguir con mi vida
me marché a mi tierra, Fuensalida.
Allí esperaban pluma y papel
donde inmortalizarte Anabel,
y escribir la historia del hotel
recordando tus besos de miel.


Si es verdad que nos unió el destino
nos volverá a unir en el camino.

miércoles, 11 de enero de 2012

El Rectángulo Luminoso. David Garrido Navarro




Estaba sentado frente al televisor, mirando hacia el vacío de una pantalla hueca que intentaba desesperadamente llamar su atención sin conseguirlo. No, no veía nada de lo que aquel rectángulo grasiento y lleno de polvo le estaba vomitando a la cara. Ni siquiera veía los cuerpos hermosos y semidesnudos de aquellas chicas que desfilaban frente a él incitándole a que comprara un nuevo desodorante que, bajo sus sobacos, pondría en celo a toda hembra que se cruzase en su camino. No, aquellas chicas desfilaron en cueros ante sus ojos y él ni se enteró. Una pena, porque llevaba mucho tiempo sin comerse una rosca y aquel desodorante podría haberle venido de perlas. Tampoco se enteró de las ventajas de contratar una linea adsl con una compañía que parecía estar verdaderamente preocupada por el bienestar de sus clientes. Como preocupados estaban, pero por el medio ambiente, unos fabricantes de coches cuyos automóviles no solo no contaminaban, sino que además eliminaban residuos de la atmósfera. Y eran coches muy baratos, que además se podían pagar a plazos, con una financiación realmente atractiva. Él siguió sin reaccionar. De repente un yogur, aunque no un yogur cualquiera, era un yogur con no sé que bichitos que eran capaces de salvarle a uno la vida, pues te curaban el colesterol y, además, mientras lo hacían, a las chicas le ponían el cuerpo de Raquel Welch con 18 años y a los tíos los ponían cachas que te cagas. Y él sin prestar la más mínima atención. Una consola, un móvil, una colonia, otro coche, una cuenta bancaria, una película, unas zapatillas, un libro, un tercer coche, una cuenta bancaria distinta a la anterior, más yogures, cereales para hacer bien de vientre, una pastilla que te quitaba todos los dolores... Pero nada de nada, él siguió mirando sin ver, escuchando sin oír, dejando que todas esas cosas, diseñadas expresamente para satisfacer todas sus necesidades vitales, escaparan pasando por delante de sus narices. Y todo por estar pensando en otra cosa. Aquello era un ultraje, un insulto, una falta de respeto. Entonces un olor extraño le aguijoneó las fosas nasales. Era un olor agrio y cálido que le dejaba un gusto amargo en la punta de la lengua. "Ah, pero si soy yo", pensó tras resoplar aliviado. Luego se levantó y caminó hacia la nevera. La abrió y tras echar una mirada se dio cuenta de que había poco que mirar. Cogió medio tomate y se lo comió de un bocado. El tomate explotó entre sus dientes y su jugo le chorreó por la barbilla. Caminó hacia el sofá y se sentó en él de nuevo, bien repanchigado. Su carne blanda, casi viscosa, se esparció por el tresillo como el aceite sobre la sartén. Mientras, la televisión seguía mostrando el mundo tal y como era fuera de aquellos muros: perfecto. Aunque él continuaba ajeno a todo.
De repente sonó el teléfono. Tardó varios segundos en reaccionar, y cuando lo hizo fue lentamente, moviéndose despacio, sin prisa, como saliendo de un largo letargo.
-¿Quién es?
-Hijo, soy tu madre...
-Mamá... -mierda, se había olvidado por completo de que había quedado a cenar con ella.
-¿Vas a venir?
-Pues, verás, mamá, es que me ha surgido un compromiso y, en fin, lo siento mucho pero no voy a poder... ¿Qué tal si lo dejamos para mañana?
Su madre estuvo renegando un buen rato al otro lado del teléfono mientras él asentía sin despegar los labios. Al final se citaron para el día siguiente, a la hora de comer, y se despidieron con un beso. Y él regreso a su trono frente al televisor. Ahora había fútbol. Once tipos corrían tras el balón, yendo con prisa de un lado para otro. Era un deporte apasionante. Se trataba de meter el balón, de forma esférica, dentro de un rectángulo clavado al suelo por su base. El rectángulo, llamado vulgarmente portería, estaba custodiado por un jugador vestido con colores aún más chillones que los del resto de sus compañeros. A este jugador se le llamaba portero, y se le permitía coger la pelota con la mano. A los otros no, los otros solo podían usar los pies o la cabeza, o el culo, pero no las manos ni los brazos. De repente uno de los equipos marcó un gol y hubo una explosión de jubilo de tal calibre, que resultaría imposible describirla con palabras. Los compañeros persiguieron al autor de tal proeza y lo abatieron, luego se echaron encima de él fundiéndose todos en un abrazo. Él numerosísimo público que abarrotaba el estadio estalló con los jugadores y comenzaron a dar saltos agitando banderas y bufandas llenas de vistosos colores, escudos y símbolos, al tiempo que gritaban al unísono "gol"; que es el nombre que se le da al hecho de meter la pelota dentro de la portería. Y todos sonreían y saltaban, gritaban y se abrazaban... Había tanto amor en ese deporte. Pero aquel cúmulo de sensaciones no parecían afectarle a él en absoluto. De hecho, se había quedado dormido. Con las piernas despatarradas, los brazos desparramados, la cabeza levemente inclinada sobre su hombro izquierdo y la boca abierta, de no ser por sus ronquidos cualquiera lo hubiera dado por muerto. Pero no lo estaba, al menos no del todo, porque, aunque con dificultad, respirar, respiraba. Así estuvo una hora, quizá más, hasta que los gritos desaforados que salían de la pantalla lo despertaron. Abrió los ojos, gruñó, chascó saliva y luego miró hacia el televisor. Allí habían personas discutiendo. Hombres y mujeres, enfrentados como gladiadores en la arena, se gritaban y se insultaban mientras la audiencia aplaudía cada una de sus intervenciones. Era otro tipo de espectáculo, y aunque no habían balones ni porterías, parecía desatar las pasiones del público tanto como el anterior. Él se levantó y se fue al váter. Vació su vejiga y luego agarró un cigarrillo y salió al balcón. La noche lluviosa lo recibió con una bofetada de aire fresco. Abajo, en la calle, las luces de los coches brillaban borrosas, como desenfocadas. Todo era gris, la ciudad estaba en calma. Desde fuera todavía oía a esas personas chillar, aunque le resultaba difícil entender lo que decían. Acabó su cigarrillo y lo lanzó al vacío. Cuando entró en el comedor, los gritos habían cesado. Ahora un hombre le explicaba las ventajas de contratar un seguro que le protegería de todo tipo de accidentes y catástrofes. Y era barato, muy barato. Se puso el pijama; buscó el mando a distancia y apagó la tele. Luego caminó por el pasillo a oscuras hasta llegar a su cuarto. Se quito los pantuflos y se metió en el sobre. Entonces, como cada noche antes de dormir, hizo un repaso de las cosas que había hecho aquel día y también de las que haría al día siguiente. Y de repente, un montón de hermosas mujeres semidesnudas se colaron en su cerebro susurrándole el nombre de aquel desodorante que era capaz de ponerlas a todas en celo. Levantó el brazo y metió la nariz en el sobaco. Luego sacó la cabeza de entre las sábanas y dio un par de giros sobre la cama hasta encontrar la postura perfecta. La encontró y su cuerpo se fundió con el látex de su colchón. Ahora era imposible separarlos a ambos. Un pensamiento fugaz: era un hombre afortunado. Una pregunta retórica: ¿podía pedirle algo más a la vida? Metió de nuevo la cabeza bajo las sábanas y, tras sacarla otra vez, se dijo para sí mismo: "Bueno, quizá si debería comprar ese dichoso desodorante".



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