viernes, 9 de enero de 2015

La guerra de los mundos (una de desastres). Adrián A. Astorgano


 
Dawn of the dead. George A. Romero, 1978





al menos
desearía ver               
nuevos cuerpos
estallando de pánico
porque lo somos, sádicos
cuando los mundos colisionan
y algún otro Orson Wells, tan mediático
regale circo de enjambre, la fantasía
de algún George Romero así
en algún centro comercial           
el colapso fotografiado,                       
en un paso de zebra
en la prensa rosa
replicantes                   
zombies.       
  


         

lunes, 5 de enero de 2015

Hoy cumples siete años, ya eres un hombre. Esteban Aguayo Sepúlveda


El topo. Alejandro Jodorowsky, 1970






“Hoy cumples siete años, ya eres un hombre. Entierra tu primer juguete y el retrato de tu madre”. Con este brutal despojo de la infancia comienza El Topo, de Alejandro Jodorowsky; lo que sigue es el despliegue ambicioso y salvaje de un mito, cuya eficacia simbólica radica en ser muchas cosas a la vez.

El Topo es, en primer lugar, el camino intemporal del héroe que emprende un viaje y encuentra una verdad tranquila y final cuya existencia jamás sospechó, una verdad que solo es evidente después de golpes y proezas, después de la furia y la aniquilación, después de la pérdida de la esperanza y del nacimiento de un extraño, ensangrentado y nuevo yo: como Gilgamesh, como Pulgarcito, como el príncipe Bolkonski de Guerra y Paz, como todos los mártires circunstanciales de causas ajenas que tenían su heroísmo disponible tras matar al adorador de sí mismo que antes fueron.

El Topo es también el western, escenario inagotable de duelos personales en donde no importa quién muere, sino la soledad creciente del que va logrando seguir vivo.

El Topo es el ilimitado desierto que solamente puede ser recorrido de manera circular, pródigo en espejismos, metáfora de la insatisfacción, con el infinito y la sed como armas que primero matan la fe, después la cordura y finalmente condescienden a matar al cuerpo.

El Topo, filmada en 1970, es una cartografía de su época: el funeral lisérgico de dios y, después del funeral, una nueva caricia a la idea de dios que siguió latiendo tras su muerte; una idea eufórica, desmesurada y confusa sobre la expansión de la conciencia, en cuya nebulosa bien pueden coexistir Pachita y Timothy Leary, Jung y Hesse, la ayahuasca y el zen.

El Topo, pese a estar filmada en 1970, es ya una carta de despedida al siglo XX: la puesta en evidencia de un paradigma exitoso, desgastado e incoherente en donde reina la religión de la muerte, la glorificación cotidiana de la muerte y en donde, sin embargo, presenciar la muerte de uno solo de “los nuestros” puede derribar todo el edificio de la fe.

El Topo es la improbable pero airosa conversión de un cúmulo de carencias técnicas en una estética, una pesadilla expresionista que casi nunca abandona la luz hiriente del día.

El Topo, en fin, es una navegación disfrazada de naufragio; una película urgente, desfasada, atemporal y quizá eterna, como todos los verdaderos mitos.



miércoles, 31 de diciembre de 2014

Silencio, estamos rodando. Tino J. Prieto


Los cines Royal en 2008. En 2009 se aprobó su demolición.





El miércoles es salvaje. Está en la mitad de un desierto lleno de sombras.

La verdad es que nada iba bien y, lo jodido era, que no encontraba ninguna palabra dulce entre los paliques con la gente.

Todo sonaba a película, esas, las del  pasado blanquinegro del que solamente me venían al recuerdo: Charles Chaplin, Orson Welles, Boris Karloff, Eisenstein, Buster Keaton, Pudovkin, John Ford y... entre bastones, bolas, sueños, escaleras, trenes, rebelión y caballos... el peso de mi desespere que no tenía luz.

Seguía la mañana y, las nubes, se peleaban con el parir del día.

Colgué las llaves en el cajetín de mi oficina y recordé la llamada de Helena en la mañana: 

—¡No  faltes, van a demoler el Royal!
—¡Me cago en la puta madre que los parió, indecentes de mierda! —clamó mi conciencia.
¿Es que no hay nadie que defienda al cine? ¿Es que nadie recuerda su infancia? ¿Es que a nadie le importa nada de nada?

Quedeme mirando al cielo, como en éxtasis sintino, mientras el chófer de la guagua me jaleaba: 

—¿Va'subir o no?
—Sí, sí, sí... un momento, por favor, ¡me perdí un poquito! 
—¡Buuufff! —le oí resoplar, mientras largaba— ¡Vaya día llevo!

Ajusté mi bolso con la cámara y miré diecisiete rostros sentados y de pie. Inexpresivos, ¡no!: cansados, buscantes, suaves, desconocidos... y, al poquito, toqué el timbre: ¡Cliiiiiiiiinnnn!

Estaba en la calle León y Castillo. La puta demoledora estaba, seguramente, desde primera hora dando zarpazos sobre techos y muros, y mi puñetera presencia sólo servía como testigo más de una muerte de la esencia de historias de infancias.

Me puse en la esquina. Apreté el play y grabé cómo el dinero es capaz de comerte la sensibilidad, los suspiros con tu amor, los pasos al paraíso, las lágrimas a oscuras, la butaca al cielo, a ti y a todo ser humano que ame la imaginación.

Recordé, eso sí, en pocos segundos, a Laforet Altolaguirre, levantino afincado en Gran Canaria desde 1923, que fue el autor de seis proyectos de cinematógrafos, de los que sólo tres: cines Royal y Goya, y el Teatro-Cine Hermanos Millares, llegaron a ser edificados.

Sentí un silencio. Los dientes de la demoledora se acercaban al círculo de la gigantesta 'O' de Multicines Royal.

Y ahí lo entendí: el cine siempre existirá: ¡Es capaz de seguir rodando, hasta su propia muerte!





29 de agosto de 2009. Vídeo de Tino J. Prieto
Asistimos a la demolición del Multicines Royal, en la calle León y Castillo, de Las Palmas de Gran Canaria. 
Cines y Multicines caen. Los intereses espureos continuan de película.
.





Tino J. Prieto Aguilar
Las Palmas de Gran Canaria

domingo, 28 de diciembre de 2014

Sin perdón. Jorge Ortiz Robla










I

Plano corto.

Clint Eastwood hace una mueca con el lado derecho de la boca, Morgan Freeman  y su

oscuridad lumínica aparecen cuando el objetivo empieza a abrirse como un amanecer.

Ambos saben que son maduros, ambos saben que son humildes,

ambos saben.



II


Vamos a tener que abrir el alma para encontrarnos.

Si no te veo es por el brillo de la botella de alcohol delante de los ojos.

Arrojamos la bolsa sobre la alambrada con la intención de que se rasgase, se

desparramase, como una cucaña.

Abres la mano y sus líneas crean un tendedero sobre mi cuerpo, un lugar donde colgar

los sueños.

El árbol y la prostituta se atraen como los polos inversos.

En la televisión se suceden los naufragios y los cuerpos llegan a la orilla como si fueran

muñecos de trapo y cartón.

Me dijiste –Hasta donde crees que podrás entrar-

Toqué tu fondo.

-Y si me vacío y me acabo como una lata de refresco o una cardiopatía-

Las horas se van clavando en mis muñecas en una crucifixión continua.

Los pájaros del parque están aprendiendo a bailar.

Moví el sillón y encontré un caramelo seco,

sé que si lo humedezco, aún olerá a tu saliva.



III


Plano corto.

Clint Eastwood, sentado en un sillón de su casa, engarza notas con las que componer su

banda sonora perfecta.

La música pinta el aire.



IV


Creíste que todo iba sobre los pieles rojas, o la Cruz de los Caídos.

Cada cinco veces que abro el libro, al azar, lo hago por la misma hoja. Sé que este libro

está viciado.

Alguien tose en la calle y lo oigo desde la sala, los pisos son de papel, como las plegarias.

Vuelvo a la tecnología opaca del DVD.

Déjame que te cuente lo que realmente es la vida.


V

Plano corto.

Clint Eastwood explora la geografía del texto, sus localizaciones, sus enfoques, el

diagrama de filmación.

El plano se abre, mientras persigue un ejemplar de cerdo, sin perdón.

Clint Eastwood sabe la importancia de los grandes finales, el último haz de luz

proyectado en la pantalla.

Por eso siempre es él, siempre él, el que elige la tipografía del THE END.


sábado, 27 de diciembre de 2014

Sesión continua en el Trianón


Navajeros



Tarde tras tarde reunidas las pesetas de a poco

pasar la velada

en el gallinero disfrutando de una película tras otra

con varios NoDos intercalados

cine te terror decolorado

de vaqueros crepusculares

de romanos dentro del armario

de artes marciales

de una hostia seis al suelo.

Y dos butacas de madera rodando escaleras abajo

y una fila pajeándose con una mano

y fumando con la otra

un tímido linternazo de los acomodadores

y la lluvia de chicles y gapos

a los de butaca de patio

y así soñar entre el estruendo

los gritos

el descalabro.

Años después las maratones de toda la noche

pero ya de películas intelectuales como

La ley de la calle, que iba de un chico con una moto.




viernes, 26 de diciembre de 2014

L´enfant-machine. Marina Aguilar



Carlos Menguiano




Cientos de trozos me precipitan hacia delante escapándose por detrás a través de cientos de salidas. Me arrastran llevados por el mismo impulso que inmediatamente después me vaciará hasta dejarme inerte. Una conciencia que llamara mía pesa en mi cabeza y su peso se extiende al resto de mi cuerpo llegando a su límite inferior. Las cosas me miran. Intento ignorarlas, pero se dan la vuelta a mi paso. A veces parecen esperar un débil susurro de aprobación, aunque se apocan y huyen en el momento menos indicado. Este lugar está encantado. Nadie me pone en la tesitura de validar nada. Mi juicio es indiferente, una pura ilusión. Y, sin embargo, hasta la más anodina de mis miradas al mundo desearía capturarlo todo. No negaré que una sed vaporosa, insensata, me alimenta. Sin embargo, la solemnidad que pongo en esta empresa se me antoja tan falsa como cualquier otra actitud. Semejante bloqueo hace que me pregunte por la función del extraño artefacto alojado en mi cara. No tengo ojos. En su lugar han insertado un aparato que registra y al parecer juzga, una especie de máquina. Me pretendo un ser dotado de una grabadora, pero es imposible que el mundo esté de un lado y yo del otro. ¿Qué hace ese ojo mecánico? Me mira inmóvil desde el espejo. ¿Qué alcanza a ver?

¿Unos cuantos milímetros inflamables? ¿Un paquete visual con interpretación incluida? ¿Una expresión de horror? ¿Historias diferentes de las diferentes desviaciones? ¿Algunos miedos diseccionados? ¿Decir lo mismo de otro modo? ¿Un acto de camuflaje? ¿La restitución del movimiento? ¿La reversibilidad del tiempo? ¿Un hecho aislado en un borrador? ¿Una captura total acongojada? ¿Un colapso? ¿Una visión interior? ¿Nadie en particular? ¿Un conglomerado de materiales plásticos? ¿Un intento de resolución? ¿Pretensión de alguna cosa? ¿Palabras vacías? ¿Denuncia de lo inestable? ¿Un retrato? ¿Una vivisección? ¿Un modo de salvar lo real? ¿Un antídoto contra la angustia? ¿Una captura sensible de un contenido invisible? ¿Espectáculo primitivo? ¿El fin del lenguaje? ¿Única vía, única salida viable? ¿Salida de ratas, salida de bestias? ¿Terror sin salida? ¿Persecución de señales sin dueño? ¿Del silencio alojado entre ellas? ¿Cuerpos sin historia, llenos de agujeros?


Yo también estoy lleno de agujeros. El más grande es el que obstruye mi cara. Pretende ver, pero es él quien es visto por las cosas. Mi ojo no podrá aislarse de las mil cámaras que lo escrutan y lo interrogan cada día. Tal vez esas preguntas no sean mías, sino de ellas. Este ojo que jamás elegí me provoca sin embargo un placer intenso queriendo verlo todo. Su insistencia es atroz. Cientos de obturadores martillean mis hombros. Cierro el objetivo. 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Gordo Corazón Roto. José Manuel Vara



Roscoe Conkling Arbuckle "Fatty Arbuckle"





Gordo Triunfador estaba hinchado de orgullo, ego y alcohol. Estaba en la cúspide de su carrera cinematográfica. Era tanto o más grande que Charles Chaplin y había contribuido al despegue de la carrera de un desconocido llamado Buster Keaton. Tenía 25.000 dolares en ropa, un Rolls Royce, una mansión en Berverly Hills, y la Paramount le acababa de ofertar el control absoluto sobre sus películas firmando un contrato fabuloso (1 millón de dólares por tres años de carrera), que podría volver loco a cualquier mortal. Era septiembre del año 1921.

Gordo Triunfador anunció que se iba de Hollywood a San Francisco a festejar durante 48 horas. Alquiló los cuartos 1219, 1220 y 1221 del hotel St. Francis y llevó una victrola, discos, ginebra y whisky. En los Estados Unidos regía ya la Ley Seca, pero era también la época del jazz, de los Años Locos, y "Fatty" era "Fatty", ¡quién no lo quería!”


(su mujer fue la primera que dejó de quererlo).


La mujer de Gordo Triunfador, Minta Durfee, se cansó tiempo antes de los excesos de su marido y lo abandonó. Excesos que no hacían otra cosa que incrementar su fama. Eso sí, este abandono fue el primer presagio del Fracaso Futuro de Gordo Triunfador.


Noche de película lynchiana. Tres habitaciones contiguas de un hotel en San Francisco. El infierno parece habitar en ellas. Alcohol y chicas. La música lo inunda todo, revoloteando como demonio alado sobre los jadeos, sobre las risas y sobre el eco sordo de los gritos mudos propiciados por los excesos infringidos en la carne. Todo es poco para Gordo Triunfador y sus hipócritas amigos. Todo es poco para celebrar que todo va bien. Que él es un jodido Triunfador. Gordo, pero millonario.


Virginia había ido a la fiesta a divertirse y a aprovechar el momento. Sabía que Gordo Triunfador tenía buenos contactos. Era un dios del paraíso al que ella quería pertenecer.


(Virginia Rappe era Virginia Rapp. Cambió el apellido al entrar en la farándula. Su mejor habilidad era bailar desnuda en funciones privadas. Tuvo un hijo en 1910, se hablaba de algunos abortos y los maledicentes la culpaban por una epidemia de sífilis que hubo en Hollywood).


El humo de los puros forma niebla cerrada en torno a ellos. Gordo la mira y Virginia creé hipnotizarlo con armas de sirena manipuladora. Pero ella no sabe que Gordo es el demonio. La lleva a la habitación contigua y cierra la puerta. Y, sobre ellos, solo la música permanece como latidos de corazón al borde del colapso. Gordo la desnuda y ella se tumba boca abajo chupando y succionando la serpiente blanda entre sus piernas. Gordo la aparta, lleva dos botellas de vino en las manos. Una la introduce en su boca y la obliga a seguir bebiendo. El vino cae por su cuello e inunda de rojo las sábanas. Virginia siente que algo se nubla en su cerebro mientras Gordo le vuelve a introducir la serpiente en la boca y escucha el ruido de una de las botellas al romperse contra el suelo. Le agarra la cabeza y la mantiene aplastada contra su polla y contra los pliegues de su voluminoso abdomen gelatinoso. Entonces, nota cómo le introduce la otra botella en la vagina bombeando, apretando, abriendo, desgarrando, más rápido, más fuerte, más rápido… y pierde la conciencia justo cuando la serpiente le escupe su veneno en la garganta. Y luego la negrura se espesa como cicatriz abierta en un mundo que se torna pesadilla. Y Virginia se hunde en los abismos insondables de un infierno que no es el suyo. Del infierno de Gordo Demonio, que acaba de mutar de Gordo Triunfador a Gordo Fracasado.


Virginia murió poco después. Tenía 26 años.

Gordo Fracasado murió de un ataque al corazón el 29 de junio de 1933, en Hollywood. Solo tenía 46 años. Buster Keaton declaró repetidas veces que Gordo había muerto porque le habían roto el corazón. Gordo Fracasado murió siendo Gordo Corazón Roto y, a todos los efectos, la leyenda lo convirtió en un Gordo Hijo de Puta.








Virginia Rappe


















Nota:




Roscoe Conkling Arbuckle (24 de marzo de 1887 - 29 de junio de 1933), más conocido como Fatty Arbuckle, fue un actor cómico estadounidense del cine mudo. Adoptó el apodo de Fatty, "Gordito" en inglés, a pesar de que dicho apodo solo lo usó profesionalmente, ya que lo detestaba. Arbuckle fue uno de los actores más populares de su época, aunque hoy es más conocido por "El escándalo Fatty Arbuckle": fue acusado de violar y provocar la muerte a la actriz Virginia Rappe, y sus juicios se convirtieron en unos de los primeros "juicios-espectáculo" de Hollywood.



Torpeza. Fernando García Maroto


Ina Balke, 1964 by Ted Russell.



 —¿Has visto con qué gracia mueve ella la copa, cómo agita ligeramente el líquido? Y qué me dices del color: ambarino, puro. Tampoco él se queda atrás; para estar con la pierna escayolada y en silla de ruedas se defiende con el brandy. Porque es brandy lo que están bebiendo. En la versión original queda bien claro: el fotógrafo pide brandy: nada de coñac; brandy. Y mira qué pedazo de copas. Sólo el policía demuestra torpeza. Eso está hecho adrede, ya lo sabes. Y luego se tira el brandy por encima, para subrayar su comicidad, esa torpeza que el maestro del suspense reservaba sobre todo para los policías.


Hemos visto la película cien veces, eso qué demonios importa; así que me levanto irritada y yo misma sirvo dos copas, sin la gracia de ella, claro, para ver si se calla de una vez y puedo disfrutarla de nuevo, en silencio. 






Fernando García Maroto (Madrid, 1978) ha publicado las novelas La geografía de los días (2010), La distancia entre dos puntos (2011; LcLibros, 2014), Los apartados (Ed. Eutelequia, 2012), esta última galardonada con el Premio Eutelequia de Novela, y el libro recopilatorio de cuentos La vida calcada (Ed. Paroxismo, 2013). Asimismo, forma parte de la plataforma literaria Escritores Complutenses 2.0 y colabora con sus artículos para la revista cinematográfica Miradas de Cine.

La película de mi vida. Elena Cabrera Ramos




Hermosos meses en el vientre de mi madre, en el interior de su ser
el tic tac de su corazón despertaba cada instante mi existir
deseosa estaba de nacer, ya quería descubrir la película de la Vida.
Llegó el momento aquel 6 de Mayo, año 1969
pequeñita y despierta al mundo, todo lo quería saber
mi primer descubrimiento, escuchaba voces
sentía la brisa, agua calentita que caía en mi pequeño cuerpo
aquellos baños cada noche, que mis padres me regalaban
¡cuidadito cariño con la niña...! Como si me fuera a romper
yo les miraba y les decía... ¡Papis, no pasa nada!
Sólo quiero que me mimen y me enseñen el cine de la Vida.
Pasaron algunos años... mis primeros pasos y palabras
preguntona de todo, miedo a lo desconocido
en mil brazos me vi cogida, aún no entendía
qué papel me tocaba interpretar en la Vida,
en la pantalla de mi mente, me recuerdo
calzando los zapatos de mi madre, robándole sus trajes
ya quería ser mayor, interpretar su papel
mi primera muñeca, era yo misma
un marido imaginario, mi padre
de repente me veía en un inmenso escenario... rodeada de más actores
algunos enfadados entre sí... pues yo no entendía
mis clases en el colegio... cuánto me aburrían
¡Si no te callas, te quedas sin recreo, niña!
tan sólo quería... entrar en la pantalla
correr por las calles, saltar, cantar.
En un coche pequeño y blanco
mis padres me paseaban
ponían música... entre ellos hablaban
yo cerraba mis ojitos.. y me metía en la escena de la Vida.
Bailarina, actriz, cantante
todo al mismo tiempo... mi corazón deseoso
niña inquieta, parlanchina
traviesa y soñadora...
cuerpo creciendo.
Mi primera vez en el cine... me brillaban los ojos
agarrada de la mano de mi padre... me preguntaba
aquellos humanos detrás de una pantallla
por dónde entraban y cómo nos comunicaban.
Seguían los años... me hice señorita
loca estaba por casarme... formar una familia
mis actores favoritos... el amor de mis padres
yo quería imitarles... ser la esposa más bonita.
Fruto de aquel hecho... en mi vientre un bebé
meses hermosos... como los míos en mi madre.
Agua calentita cada noche... acunaba a mi niño
veinte y dos años después... papel difícil, amoroso
ahora esta es nuestra película... en una noche silenciosa
nuestras miradas y despedidas...
aventurero, valiente Cid Campeador
sólo decirte en estas letras...
que seguiré la película de tu Vida,
me sentaré cada noche en mi dormir
delante de tu pantalla... con el silencio de mi alma
en primera fila a oscuras... unir mis manos
hacerlas sonar fuerte...
porque tú... hombre luchador
Eres para mí...
La Película de mi Vida.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Kamikaze. Rubén Lapuente



Ore wa, kimi no tame ni koso shini ni iku. Taku Shinjo, 2007
        

Me brindan una muerte hermosa
Vendrá a recibirme la gloria
Fue aquel filo de acero en las palabras
Aquella arenga que macera la carne
en orgullo  en dignidad   en pureza
Que trasciende la vida y la muerte
El emperador os sueña nos dijeron
Y cómo negarme si el valor
de la vida ante el deber
tiene el peso de una pluma
Cómo no dar un paso al frente
si nos están humillando
A la cabeza me he anudado la cinta
de mi patrio sol rojo violento
Oh felicítame madre
"como una tierna flor de cerezo caeré”
le he dejado escrito
Sobre el mar de aguas de jade tembloroso
éste será el último cielo azul puro que veré
Abajo ya avisto el gigante acorazado
Y en picado mortal como un Ícaro
de plata desciendo esta curvada hoja
de acero de viento divino…
Mil veces mil  trepidante gira la hélice
Oh todo viene hacía mí
como en ancas del vértigo
En la carlinga no cierres los ojos
me dijeron
Que viene a recibirte la gloria
Que todas las flores de cerezo del templo
brillarán para ti


domingo, 14 de diciembre de 2014

Madrid río III. Miguel Ángel García

The bridge on the river Kwai. David Lean, 1957


El movimiento luego
dolores musculares
sírvase usted misma, flema naturaleza
puentes bajo el río Kwai
aterido en la explanada.

Se ven puentes, una ciudad
un miasma no ocurrirá ahora
voces lejanas epopeya estropean el ambiente
en Madrid Río.

Susurra una lágrima lejana que cae
en la cascada, a veces verde. 


La lagrima no se deja oír por decencia
en este momento sin niños ni cucarachas
solo pobres cinéfilos ateridos de frío.

Estuve en Madrid Río, sí, recuerdo
procesiones de bicicletas, perros y runners
yo era un runner too
mis escupitajos se confundieron con el río
los niños jugaban a esconderse
los adolescentes también, en los columpios.


Los únicos decentes fueron los adultos
que les gusta sacar a pasear su billetera.

En la explanada bien recuerdo
una mujer pidiendo comida y su dignidad
estaba ahí.



lunes, 8 de diciembre de 2014

Quizá la próxima vez, Steve


The great scape. John Sturges, 1963



Lo tuyo era el muro de una celda

      y             la pelota y el guante de béisbol 

despidiendo ecos de sonata americana 

Quizá la próxima vez            

                                    , Steve 

cuando el celuloide reclame 

                  algún remake abominable 

                               escapemos 

a través de la Selva Negra y los castillos 

             aunque ambos sepamos 

que siempre darán con nuestra huida 

          que                  la gran evasión trazada 

a la espalda de todas las esvásticas 

nunca cambiará el final 

                 de su guion más primitivo




sábado, 6 de diciembre de 2014

Audrey. Equis


Breakfast at Tiffany's. Blake Edwards, 1961




Seré tu desastre
y tú mi Manhattan.

A ella le gusta montarse películas,
se acomoda en su solitaria retina la niña que lleva dentro
y ve la proyección del residuo del movimiento,
fijándose minuciosamente en el cambio para comprender
sus consecuencias.
Su pupila eclipsa el iris hasta lograr
esa mirada tan peligrosamente analítica,
una búsqueda constante de lo honesto y tierno,
y ver en ti la fragilidad del hombre de cristal,
la delicadeza encarnada en tu forma de hundir la mano,
hacer crema catalana de tu piel nívea
hasta que cierres los ojos
y despiertes de repente en los créditos de la película.

Y de mí no puedo decir más
que sospecho ser demasiado peliculero
en el amor.


Equis.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Richie Tenenbaum. Raúl Calvo Quesada


The Royal Tenenbaums. Wes Anderson, 2001



Si hay que hacerlo, lo haré.

Si esto es lo que hay que hacer, lo haré.

La carne se abre y muestra el mecanismo del artefacto

que se deshace y se escurre rojo sobre rosa sobre rojo.


Si hay que hacerlo, lo haré.

Si esto es lo que hay que hacer

—para saborear el humo de tu boca

y sentir cómo arde tu caricia de madera—, lo haré.


Me marcharé un momento, casidesnudocomoloshijosdelamar,

y volveré con la pluma en las manos

y lo brazos abiertos al amigo.


Tiéndete a mi lado, te invito

a compartir el secreto y el recuerdo

de animales muertos de museo.

Pero déjame a solas un momento, sólo un momento.


Si hay que hacerlo, lo haré.

















Este soy yo, Raúl Calvo Quesada, un juguete roto de la televisión.

Estudié filosofía en la Universidad Autónoma de Madriz, un máster de formación literaria en la UNED. Con ambos títulos mi madre piensa tapar la grieta más perentoria de las paredes de mi casa materna.

Trabajo en una editorial de cuyo nombre no quiero acordarme, colaboro con ellos gestionando las cuentas de RRSS y como asistente editorial. He publicado un poema en el blog Erosionados y en la plaquette La Plaquette, ambos de Adriana Bañares. También he publico un poema en el nº 9 de la revista Absenta poetas con mi Nick de Facebook, Minerva Laverga.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Rudy Guzmán. Antonio Orihuela






Frente a los rutilantes superhéroes anglosajones
provenientes del primer mundo
siempre me gustó El Santo,

aunque El Santo no volaba, no trepaba paredes,
no tenía armas, ni mirada de rayos,
no era joven, no tenía doble vida,
estaba gordito y le encantaban las mujeres.

Prototipo de un país pobre,
El Santo no era periodista, ni científico
ni pertenecía a la jet set,
se casó con Maruca por la Iglesia
y tuvo diez hijos,

El Santo llegó a héroe
porque continuaba trabajando
en su tiempo libre
de lo mismo que ya hacía cuando trabajaba,
es decir, repartía mamporros,
solo que ahora no por dinero
sino por causas justas
como defender huérfanos
y hacer favores a bellas señoritas.

El único lujo de El Fondón de Plata
era la posesión de un descapotable
en el que apenas le entraban las piernas
y donde parece un niño grande
montado en un cochecito de feria.

Lo recuerdo por una carretera de curvas,
con cierto aire de Isadora Duncan
en su capa al viento,
mientras la palabra FIN va llenando la pantalla
en El Santo y las momias de Guanajuato.

Lo recuerdo más caliente que el cenicero de un bingo
en El Santo contra las mujeres vampiro.

Lo recuerdo triunfando junto a la revolución cubana
en El Santo contras los hombres infernales.

Lo recuerdo intentando recomponer las relaciones yanqui-mexicanas,
reproduciendo esa mezcla de curiosidad, admiración y desprecio
que se han tenido siempre los vecinos del norte
en Santo y Superman contra Drácula.

Recuerdo la vez que le oí su verdadera voz,
una voz atiplada y vulgar
que sin duda era la criptonita del enmascarado
y por eso tuvo que ser doblada por la alquimia del cine
para no perturbar la integridad del mito.

El Santo dio durante treinta años
sentido y identidad a los mexicanos,
a todos los que caminaban sin norte,
sin motivo, sin utopías ni humanidad,

y murió como mueren los pobres, trabajando,
peleando una noche de ironía contra Los Misioneros de la Muerte
que le trajeron la suya,

un día de lluvia, acompañado de diez mil personas,
sus viejos enemigos, Black Shadow y Blue Demon,
en una hermosa prueba de fidelidad y camaradería,
cargaron con su féretro hasta el cementerio
mientras se iban comiendo sus propias lágrimas.


No se marchitarán jamás
los laureles de la tumba
del héroe de Tepito.


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