jueves, 5 de abril de 2018

Hellraiser. Ana Grandal


Hellraiser (1987), by Clive Barker


«Todos los placeres del cielo y del infierno». Eso suena muy bien. En especial si en 1987 te poseía la avidez de la juventud y estabas segura de que, detrás de la cortina de la realidad, el mundo tenía algo más que ofrecer. Un cubo de madera repujada, del mismo tamaño que el de Rubik, era la caja de Pandora que te permitía convertirte en un explorador «de las regiones más allá de los sentidos». La película contenía imágenes muy poderosas, empezando por los cenobitas, «demonios para unos, ángeles para otros», que invitan a «saborear sus placeres». No podías dejar de preguntarte qué sensaciones alucinantes prometían, si serías capaz de soportar que docenas de ganchos descuartizaran tu cuerpo para alcanzar el supremo goce. «Dolor y placer indivisibles». Confieso que, en esos mercadillos que despliegan un batiburrillo de artículos extravagantes y desvencijados, he deseado toparme con el artilugio cuadrado, aunque luego no hubiera tenido el valor de utilizarlo. ¿O sí? Pasado el tiempo, resulta que no hace ninguna falta convocar a Pinhead y compañía: la vida ya te ofrece su propia amalgama de dolor y placer.

miércoles, 4 de abril de 2018

Cinéfilo. Pilar Uruñuela Aransay






Así le solían llamar, Cinéfilo. Seguí recreándome con su historia. Le gustaba disfrutar en las pequeñas salas de entonces y ver una película tras otra, sin mostrar el más mínimo cansancio; era su afición favorita. Como acomodador tuvo esa ventaja.
Entre batallas y batallas recordaba su viaje a París para ver lo que fue el primer estreno cinematográfico, en blanco y negro: La salida  de los obreros de la fábrica (Hnos. Lumière). Una pena, decía, esas películas sin color se destinaron más tarde a las de bajo presupuesto.
En otro apartado se entretuvo en mencionar, cómo fue evolucionando el cine al tecnicolor y por fin al color, aunque sin sonido. Uno de sus actores favoritos en cine mudo fue Charles Chaplin, sus gestos lo decían todo. Más tarde el cine digital, lanzando al aire las voces de los actores, marcó como grandes intérpretes a los Hnos. Marx, dentro del género cómico, que era el que más le gustaba. El séptimo arte tuvo su gran progreso, según Cinéfilo: en lenguaje, género…todo ello hizo que la gran pantalla siguiera embelesándole.
Pasó el tiempo y Cinéfilo con sus pequeños ahorros se convirtió en el dueño del local. Hacía sesiones de cine continuas, por las tardes; sabía que muchas de las parejas iban a “darse el lote” como se decía entonces, pero la mayoría se deleitaba viendo una y otra vez la misma película, por un módico precio; hasta la llegada del estreno, entonces esa tarde se hacía sesión doble, veían la antigua y la nueva.
La muerte le iba pisando los talones a Cinéfilo. Dejó el relevo a su  amigo Tomás. Este, muy entristecido por su pérdida, quiso seguir el legado y apostar por las grandes películas de entonces. Pero por avatares de la vida, el local donde trabajó Cinéfilo, durante muchos años, cerró. Pudo ver Tomás, en escaso tiempo, cómo la gente se entretenía de otra manera: existían las tablets y los móviles de última generación, los ordenadores  eran pequeñas pantallas donde las personas se olvidaban del tiempo y de sus amigos; las televisiones, de enormes dimensiones, invitaban a no moverse del hogar improvisando salas de cine caseras.

¡Si Cinéfilo levantase la cabeza! Todo había cambiado y Tomás tuvo que acoplarse a los tiempos que le tocaba vivir.

sábado, 31 de marzo de 2018

La mujer que parió un tanque (saloon secuencia). Ana Cuaresma

Para Roberto 


Gambling saloon with a girl standing on top of a gambling table.
Scene from The Honor System with Miriam Cooper, 1918. Movie still.


Esconderse en el cuello de la chaqueta, de algodón el rostro,
Anido en pasamontañas con un agujero en cada ojo, y una comisura para la boca
Ladrona de libros y cadáveres, empuja las puertas del saloon disfrazada de can-can
con un par de armas en las enaguas
Bella, como la partida de póker o la corrosión de las monedas,
Clavan las miradas en el estupor de la arena en viento,
Uno la recoge del vientre en su regazo  ,la sube a sus piernas, ,le levanta el vestido hasta las rodillas,
Con el derecho de quien pierde y quiere volarle la mirada al contrario
en el momento de silencio y puntillas en el filo ,el plano cinemascope de los ojos,  a balazos,
Se entretiene con la muchacha  ,muestra sus cartas, les enseña su rostro de lana apretando barbilla,
Hervidero de saloon y tapete  ,miradas batientes de hueco y terrario,
Muchacha camaleónica en la rama  ,abrevadero de whisky,
El otro en escena se administra  ,espera que el goteo carmesí caiga desde sus dientes,
toca la empuñadura de su rifle ,percibe el arma cómplice de la muchacha, de latido en yugular vigila la puerta  ,atardece y pasa la arena, fuera nada hierve y está esperándoles
El resto se levanta de la mesa, la apuesta es de dos, sigue reteniendo a la chica que ha parado de sonreír y sostiene el color camuflaje de su baile en la rama
La levanta, le saca las armas de los muslos , la retiene del cuello,  van a salir los tres a encontrar el tanque que gira frente al porche ,entre la arena,
Levitarán las miradas mientras el reloj atascado sostiene secuencia
Vendrá la pólvora a mover muñecas , el tanque girando,  ,las bocas mastican antes de parir, vendrá el sonido y los agujeros
Se dará media vuelta, se ajustará el sombrero y las hebillas,
,la rosa hirviendo su bolsillo,
huele a sangre de tanque que avanza  ,pasado, el saloon

viernes, 30 de marzo de 2018

Varias obras de @veranofatal

Carmen Miranda

Divine

Dorothy (The Wizard of Oz, 1934)

Lucille Vinson (Crazy in Alabama, 1999)

Magenta (The Rocky Horror Picture Show, 1975)

jueves, 29 de marzo de 2018

De finales de película. Sara Montaño Escobar





Ya no más palabras de amor, dijiste
y de pronto, fuiste el protagonista
de una patética película
que juramos nunca ver los domingos.
Pero ahí estás:
Con tu bigote tragicómico
un fondo de Beethoven
y tus ojos huyendo como gatos negros
de esta costumbre adquirida.
El diario de Noah
irrumpe voraz entre nosotros
y sé que te dices en silencio
los hombres no lloran
y yo contengo el deseo de gritarte
que también, como Allie, quisiera perder la memoria
para no recordar más domingos
de dos tontos que no pueden decirse
el punto final de su historia cliché.
Ya no más palabras de amor
dijiste
y yo desaparezco de esta trama
para siempre.


miércoles, 28 de marzo de 2018

El topo. Ramiro Gairín


El topo; Tomas Alfredson, Reino Unido, 2011




Cuando se ponen ocres los cristales,
el humo de la sala y los despachos,
la luz de celebrar, la sombra de los hielos
en las monturas, cuando
todo viste la misma gabardina

y crece la moqueta, de ese mismo color,
sepultando las mesas de trabajo,
acolchando pisadas, guantes, gestos,
alcanzando las fotos, los surcos en el rostro,
pudriendo las cenas de Navidad;

cuando llueve y se mojan
los cigarros detrás de los visillos
y ninguna mujer de los demás
les llega ni a la suela del zapato,

la nostalgia va forzando los resquicios

y se añoran las guerras de verdad.

sábado, 24 de marzo de 2018

Kinêsis. Guillermo Héctor





Te dices que esta vez llegarás hasta el final. Que sólo necesitas respirar. Una pausa.

Bajando entre el hombre que no ha dejado de hablar durante la espera en la calle y la chica que le ha respondido cuando empezabas a temblar te dices, Esta vez pase lo que pase llegaré hasta el final. Piensas por qué escaleras tan estrechas. Mientras bajas piensas, Si intentara salir ahora no podría ya. Así que no te das la vuelta. Así que no piensas. Cada vez más oscuridad hasta que el espacio se abre. Asientos. Antes se decía butacas. Iluminado por una pantalla en blanco a la derecha el espacio se abre. Sólo necesitas una pero los que vienen detrás impiden cualquier pausa.

Lo imaginabas más grande. Te dices, Tanta espera para esto. Sin poder detenerte pues los que vienen detrás impiden cualquier pausa compruebas la sala. El último asiento en la última fila está vacío. Bien bien. Mirar sin ser visto. Te instalas deprisa para observar el sitio. Diez filas de asientos en terciopelo azul oscuro. Antes se decía butacas.  Por qué nadie se sienta. Cierras los ojos pensando, Pase lo que pase que pase rápido. Pero los abres sin dar tiempo. Pero una silueta contra el fondo blanco rectangular. Esperas. Tanta espera para esto y ahora. Cerrar los ojos. Kalos thanatos. Cerrar los ojos esperando que la luz desaparezca antes de abrirlos.

Empieza.

viernes, 23 de marzo de 2018

La hora, locas. Nathalia Sesma

Vintage Black & White 35mm Photo Negative ~
1990's pinup Woman watching T.V. B25
Vía SteamTulip



Las Calaveras vemos porno, las tres, en silencio, en el cine fórum «La hora, locas».

Negro pollón, rubia gorda y enana. Negro pollón calienta una pizza en el microondas, enana pone dos vasos, ron y coca cola, rubia gorda mira divertida cómo enana casi no llega a la mesa, clinnnnnnnck, la pizza está caliente, la polla del negro pollón aún no y ya promete en grosor y largura; conexión badajo. Las tres posaderas desnudas asientan en las tres sillas de mimbre.

Nos entra hambre, pillamos palomitas y agua mineral.

Negro pollón acaba la pizza primero y después de un buen trago de cola, dice: «Siempre que nado hacia la costa / pienso en los muertos // intento nadar recio / pregunto el nombre de los muertos // de pronto mis manos baten contra ellos / me hundo en el agua morena de un vientre inmenso sin piel / sin secreciones.»
—No está mal —dice rubia gorda colocando sus pechos encima de la mesa y acercándose más a negro pollón—. No está mal, pero a mí Le Sidaner no me acaba de llenar, escuchad: «conóceme, guardián, / Acógeme, pastor./ Fuente de todo bien, / Es mucho tu favor. / Tu boca me ha mamado / Leche y dulce de comer; / Tu espíritu me ha dado / Un celeste placer.»
—Lo tuyo con las corales de Bach… ya te vale, gordi.
Negro pollón empieza a dormirse, el badajo no cambia.
—Escuchadme a mí —dice enana—: «Un hombre que imagina la fortuna como una posibilidad definitiva de ocultarse, de esconderse. El horror como un paseo entre gente conocida. Ser reconocido como el desastre.»
—Bonita fábula de Salvador González —dice negro pollón, que ha despertado del todo—, la quinta o la sexta, creo.
—La quinta —responde rubia gorda.

Las manos de las tres Calaveras nos arden húmedas de un sexo a otro como vulgares cinéfilas cachondas.



jueves, 22 de marzo de 2018

La gran belleza. Ana Castro

La grande bellezza. Paolo Sorrentino, 2013











Muestra un blu-ray
y pronuncia su nombre delicadamente:
Jep Gambardella.
Habla de planos, música, Roma,
varios años más atrás…
Yo pienso en Roma y en otras ciudades europeas
—Budapest, Praga—
y no, no es eso.
Las fiestas, la comida, el desenfreno,
la cultura. No,
no es eso, algo más pequeño.
Una hormiga, una casa, un trozo
de tarta y no, no, más,
mucho más insignificante:
Llegar a casa en viernes al fin,
que entre el sol por la ventana e inunde el salón,
dejarse caer en el sofá,
desparramar el abrigo, el bolso, las bufandas, que caiga
un libro al suelo, que venga
la gata y se recueste y llegues tú
y te sientes aquí y sea viernes y haya luz.
Ya está. Eso.
Nacimos para la sensibilidad:
este pequeñísimo momento.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Balada triste de trompeta. Ramiro Gairín


Balada triste de trompeta; Álex de la Iglesia, España, 2010



Un niño y un león
miran cómo se llevan los soldados
a todos los artistas,


y después al país
lo llenaron de paz.


Y a todos les dio miedo
esta vida desatinada.


Los payasos que nunca fueron niños
crecieron asesinos,
las trapecistas sádicas.


Y llevaban un loco todos dentro,
una nación deforme, recosida,
sepultada en pintura
de disecar sonrisas.









martes, 20 de marzo de 2018

Together by the pool. Marta Soul



En Together by the pool he querido retratar juntos a Sabrina (Audrey Hepburn), El Nadador (Burt Lancaster), Irma La dulce (Shirley Maclaine), Bonnie and Clyde (Faye Dunaway) y 8 1/2 (Marcello Mastroianni).


Más información del proyecto en http://martasoul.com/art-works/artworks/together/ 

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